Ética del cuidado
Por: María del Carmen Jiménez
Es el nuevo paradigma para no desaparecer como especie, porque implica el cuidado de sí mismo, de los demás y del planeta. El cuidado no es una opción, o aprendemos a cuidar o perecemos. En principio el cuidado fue visto como tarea femenina por el machismo que es la expresión más degradada de la cultura patriarcal, para sumir en el mundo doméstico a las mujeres, naturalizar la dependencia, la discriminación, la subordinación, los estereotipos y roles que históricamente les han sido impuestos.
La ética del cuidado conlleva importantes connotaciones: La educación del cuerpo para aprender el autocuidado, nuestro cuerpo es el lugar en donde podemos ser y habitar, la formación espiritual entendiendo que no toda espiritualidad es religiosa, esta formación implica aprender a a buscar metas, objetivos a ser autónomos, pero sobre todo, a ser dignos y ayudar a otros a que lo sean. La autonomía conlleva autoconocimiento, autoregulación, construcción de proyectos de vida. Como norma interna es clave para lograr niveles de libertad Es distinta a la heteronomía que nos plantea dependencia, regulaciones o imposiciones externas.
La ética en referencia nos invita a cuidar el intelecto, que pasa por renunciar a los principios guerreristas, depredadores, para construir una fuerza altruista cognitiva que permita tejer vínculos a partir del respeto y reconocimiento de los demás. Nos enseña a cuidar de los cercanos y extraños, a proteger los derechos y los bienes públicos que le convienen a todos y todas para su dignidad.
Carol Gilligan utilizó es te término para referirse a un estilo distinto de hablar de “problemas morales” y de pensar sobre las relaciones. Aporta mucho con sus estudios a profundizar este tema. Ha servido de inspiración a filósofas feministas y otras la han controvertido. Lo importante es que esta sicóloga norteamericana propone que la ética del cuidado debe poner el acento en la atención al yo, la conexión del yo con los otros por medio del concepto de responsabilidad social, reconoce a profundidad la diversidad y la importancia de la corresponsabilidad en todos los ámbitos.
La ética del cuidado debe ser universal, no solo para las mujeres. Cuestiona las bases de las sociedades capitalistas sin rostro humano. Es el antídoto para la violencia, porque es difícil destruir lo que hemos cuidado. Cuidar es mantener la vida, asegurando la satisfacción de necesidades indispensables para fortalecerla, es encargarse de la protección, bienestar y mantenimiento de algo o de alguien. Es imperioso por tanto volver las miradas hacia las prácticas relacionales en la esfera pública y privada desde la perspectiva del cuidado para avanzar hacia un nivel superior de humanidad.
