Este país será pobre toda la vida
Por: Froilán Casas
Obispo de Neiva
¡Qué tristeza! Nuestra amada Colombia es uno de los países más ricos de mundo en recursos naturales y, sin embargo, sigue siendo pobre. ¿Por qué? Veamos, Israel es uno de los países más pobres en recursos naturales; sin embargo, es una de las economías más estables del planeta. Suiza es otro ejemplo, no tiene mar y tiene la segunda flota naviera más grande del mundo; Japón apenas tiene el 30% de su territorio apto para la agricultura y, sin embargo, exporta alimentos. Singapur es una minúscula Ciudad-Estado de apenas seis millones de habitantes y, sin embargo, su nivel de vida es de los más altos del orbe. Compare usted las dos Coreas, -es más rica la del Norte-, la una tiene un régimen de dictadura de partido y la otra es una democracia de libre mercado, -Corea del Sur-, y con alta dosis social; en el escalafón global es una de las economías más boyantes del mundo. ¿Cuál es el secreto de su éxito? La capacidad de trabajo y el impulso de sus gentes. Allí se optimizan los recursos haciéndoles producir al máximo. Con disciplina y trabajo, obviamente con amplio sentido social, se logra un desarrollo sostenible y próspero. Japón fue uno de los países que más padecieron los terribles desastres de la segunda guerra mundial: hambre, desempleo, miseria, mutilaciones; una economía por el suelo. Por favor, ellos no extendieron la mano para pedir como pordioseros ayuda de los Estados vecinos o de aquellos que los vencieron: con dedicación, disciplina, sacrificio, como el Ave fénix, sacaron vida de las cenizas. En menos de dos décadas invadieron el mercado de quienes los vencieron: las marcas Nissan, Toyota, Sony y tantas otras desplazaron los tradicionales monopolios comerciales. ¿Secreto? Honestidad, trasparencia, disciplina, sentido social, trabajo en equipo. En cambio, ¿en nuestra rica Colombia? Mucho ruido y pocas nueces. Apenas hace un año celebramos doscientos años de independencia republicana. Y, ¿qué hemos logrado? Tal vez, cambiamos de amo, pero seguimos con las cadenas de hambre miseria, desempleo. Un país que nada en corrupción. Con frecuencia los cambios de gobierno son cambios de verdugo. ¡Ah, bueno, cada pueblo se merece sus gobernantes! Un pueblo con hambre vota por quien le ofrece el oro y el moro y aquí sí que aparecen encantadores de serpientes. A los políticos corruptos les encanta que haya miseria para mantener cautivos a sus votantes. ¡Cuidado! Aquí la pobreza es mental, sencillamente queremos y buscamos ser pobres. Una muestra de nuestra mentalidad pobre: aquí despilfarramos el agua, la luz eléctrica, maltratamos la naturaleza, nuestros ríos urbanos son una cloaca de infección y trasmisión de enfermedades, las basuras se botan a la calle; los parques son un desastre, las administraciones municipales invierten ingentes sumas en su embellecimiento y en fracción de días, ya son un basurero; no se respetan las cebras, la contaminación auditiva y visual campean en grado superlativo. Aquí se vive el lema: lo que nada nos cuesta hagámoslo fiesta. Somos un pueblo mendicante, nos quejamos por todo y no aportamos nada. Claro, es que las políticas sociales de los gobiernos son de asistencialismo y no de promoción.
