Estado fuerte en el control
Soy un profundo demócrata. A mi juicio, el mejor sistema de gobierno es la democracia. Obviamente la democracia tiene muchos peligros: primero la mentalidad anárquica del hombre que quiere violar todas las leyes que a su juicio y a sus intereses mezquinos van en contra de su “bienestar”; segundo, el libertinaje con el que pretende ser interpretada la democracia, en donde la ley del más fuerte se impone y la ley del embudo, -lo ancho para mí y lo angosto para usted- pretende campear por doquier; tercero, la falta de madurez democrática que puede llevar a la aparición de demagogos y charlatanes que convencen a electores ingenuos y ávidos como ellos del poder político y económico. Con las anteriores y muchas otras debilidades, la democracia sigue siendo el mejor sistema de gobierno.
La democracia debe seguir evolucionando en concordancia con las nuevas realidades históricas. La teoría tripartita del Poder Público ha sido insuficiente; se ha visto la necesidad de agregarle unos controles a cada una de las ramas del Poder, para que no caigamos en la dictadura y en el caos de las instituciones. De ahí que hayan aparecido la Contraloría, la Procuraduría, que deben tener autonomía para poder ejercer un control mucho más trasparente. Hoy se requiere un Estado fuerte en donde prevalezca la ley sobre los intereses partidistas. Un Estado y un gobierno débiles es el campo propicia para que aparezcan los anarquistas y las bandas delincuenciales.
Hoy se requiere un Estado pequeño en su burocracia y grande en sus controles. La empresa privada debe campear en el desarrollo económico y social. Ésta es la que genera impuestos y productividad para que el Estado esté empeñado en la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. En la práctica, el Estado ha sido ineficiente en muchos campos de la administración. Fácilmente el Estado se burocratiza comiéndose vorazmente el presupuesto nacional. El hambre atrasada con la que llegan un buen número de funcionarios arrasa la inversión y el funcionamiento se traga la mayor parte del presupuesto.
Un gobierno con el anterior esquema les da pan a sus correligionarios y deja con hambre a la oposición. La empresa privada, por el contrario exige resultados y los cargos no están determinados por el resultado de las elecciones sino por el resultado en el ejercicio del cargo asignado. Por ejemplo: si las cárceles las tuviera la empresa privada nos salvaríamos del caos y desgobierno existentes. La empresa privada es más eficiente porque tiene más mecanismos de control y la gestión se mira por los resultados.
El Estado es paquidérmico y enfermizo en los trámites; muchos funcionarios hacen lentos los procesos y al creerse dueños de los cargos maltratan a los clientes sin poderse hacer nada. El tal Código Disciplinario Único es interpretado y manejado de acuerdo con el gobierno de turno y los pobres ciudadanos que pedimos los servicios nos quedamos viendo un chispero de irregularidades sin posibilidad de solución. El Estado debe ser pequeño y la empresa grande; claro un Estado con fuertes controles sobre la empresa privada para que no evada impuestos y caiga en una peor corrupción.
