Estado asistencialista
¿Cuándo será que salgamos de un Estado paternalista a un Estado promotor del desarrollo de la persona? Mucho ruido y pocas nueces. Llevamos casi doscientos años con el mismo discurso y hemos avanzado muy poco. Países como Corea del Sur, Japón, los países nórdicos, algunos países de Europa Central, han pasado de ser plañideras a ser constructores de su propio desarrollo. Los cinturones de miseria se multiplican en las ciudades y cada vez se ofrece el oro y el moro y la pobreza se agiganta, llegando a condiciones de miseria.
¡Cómo se aprovecha a los pobres con fines electorales! Quien más ofrezca, es quien obtiene más votos, votos estomacales, votos domesticados. Tenemos que pasar del subsidio a la mendicidad al subsidio a la productividad. Venimos cultivando una cultura de vagos y sinvergüenzas. Por algo la sabiduría popular ha acuñado el siguiente aforismo: la pereza es la madre de todos los vicios. ¡Sí que es evidente en la realidad! No sé por qué la clase dirigente no ha querido entender que la prosperidad y el desarrollo de un país depende, en alto grado, de la laboriosidad de sus habitantes. No entiendo cómo algunos de ellos, incluso han hecho estudios en países altamente desarrollados y no aplican esos conocimientos a la realidad de nuestra cultura. Todo es al estilo romano, pan y circo, así el pueblo siga bruto.
¿Por qué tenemos que esperar a que lleguen los demagogos de las extremas para que se presenten como redentores de la miseria? Sí, claro, en llegando al poder no dejan pensar al pueblo, piensan por el pueblo. Ejemplos los tenemos en el vecino país, en Nicaragua, en Bolivia. Señor: ¡líbranos de esos mesías! Hablan de libertades y cuando llegan al poder, se perpetúan en él y, en nombre de la revolución se cometen toda clase de atropellos a las libertades. Por favor, maduremos en la democracia y con este hermoso sistema, bien entendido, haremos un país próspero. Todo está dado, Dios nos ha dado todo; ahora se trata de tener voluntad política y mano firme para lograr nuestros propósitos. Cero de impunidad a la injusticia social; cero impunidad a la corrupción; cero impunidad al despilfarro de los dineros del erario; cero proteccionismo paternalista. Apoyemos al que paga con transparencia los impuestos, al que genera trabajo productivo, al que trabaja diariamente, no al que vive saliendo a las calles a protestar y es un pésimo trabajador. Estimulemos al que trabaja no al vago y holgazán. “Quien no quiere trabajar, que no coma”, nos dice San Pablo. Bueno y, ¿qué decir con los venezolanos que nos están llegando, huyendo de esa horrenda tiranía? Pues, bienvenidos, sí, pero que vengan a trabajar. ¡Ojo, compatriotas, cuidado con explotar al extranjero! Esa injusticia clama al cielo. Ordinariamente los inmigrantes llegan con mucho impulso por trabajar, esto le hace bien a los pueblos nativos. Sí, pero que no nos venga a engrosar la fila de los vagos, que quieren, como sanguijuelas, vivir de quienes trabajamos. No cabe duda, Colombia necesita mucha mano de obra calificada y en proceso de calificación. Que vengan los venezolanos sí, pero que vengan con ánimo laborioso.
