Escandalosos y sin conocimiento
Por: JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
Es grave lo que está pasando en los medios de comunicación: los periodistas con experiencia son despedidos sin justa causa y las plazas son ocupadas por jóvenes recién egresados, quienes, en muchos casos, a duras penas pasan la asignatura de lecto-escritura, pero con errores de ortografía.
Y como no tienen mucho qué decir, el escándalo es la mejor herramienta. Hoy me ocupa el texto de un periódico de edición nacional que habla de la desaparición de varios cultivos tradicionales como la oca, el olluco, las habas, la cebada, el trigo y el maíz. ¿El maíz? Sí.
Bien. Expliquemos para alejarnos del escándalo y poner los pies en la tierra. Que los tubérculos andinos no sean del gusto de todos los colombianos es una realidad, pues no me imagino a un costeño preparando cocido o a un pastuso degustando ñame y patacón con suero. Así las cosas, los tubérculos andinos son comidas regionales, patrimonio gastronómico de esas zonas y del país.
Ahora, las habas fueron las culpables de la caída de muchos dientes y más de uno las degustó en bolsitas, vendidas a la salida del colegio, o preparadas en casa en un delicioso cuchuco de trigo. Las mamás de hoy no preparan cuchucos y creo que pocas sepan de eso.
Por los casos de la cebada y el trigo la realidad de su desaparición radica en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC), tan mal negociado que las importaciones baratas y subsidiadas acabaron con estos. Señores, el trigo no es patrimonio del país, es originario de Asia menor, mientras que la cebada es del Oriente Medio.
En cuanto al maíz tenemos que, pese a las masivas importaciones derivadas del TLC, el cereal se siembra en todo el país y en todos los pisos térmicos; no hay estadio de fútbol ni parque público donde no se consiga una mazorca asada, con margarina y sal. Decir que está desapareciendo es una tontería.
En los escritos de la prensa escandalosa cabe la realidad de que los anotados desaparecerán y será la debacle; el problema es que sus titulares amedrentan a la población, cuando la realidad es otra. Por ejemplo, quienes se encargaron de avalar tal escrito no han visitado los restaurantes donde hoy más de un plato exótico, con esos ingredientes, se vende muy bien. Así que, en manos de los cocineros (profesión de moda) está la posibilidad de salvar esos cultivos que están desapareciendo.
En el mundo de las ideas cabe una guerra o desastre natural tan devastadores que arrase con campos y ciudades y se lleve por delante toda la agricultura y no se perderán los cultivos; una guerra mundial con armas nucleares y no se perderán los cultivos; podrá extinguirse la humanidad y no se perderán los cultivos.
Todo lo inimaginable de la agricultura mundial lo tienen los bancos de germoplasma que están repartidos en todo el mundo, con muestras originales y sus copias. Existe hoy la ‘Bóveda del Fin del Mundo’ en Svalbard (Noruega) donde todos los cultivos están guardados en original y copia. No se perderán los cultivos.
