Episodio detestable
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
El episodio del acceso carnal consentido por una menor de 14 años, donde involucra el consentimiento de su madre, que hace parte de una comunidad indígena, por siete militares en un poblado cercano a Pereira, es la demostración de la verdadera descomposición de nuestra sociedad.
Desafortunadamente este evento, ha sido caldo de cultivo para quienes se autodenominan los nuevos proclamadores de la moral, a diestra y siniestra se despachen contra la fuerza pública, y aprovechen los grandes titulares de los medios nuestros, que parecieran como esos aparatos tragamonedas, consumen moral y reparten sus sobrados contra las fuerzas militares, haciendo eco para destruir nuestras instituciones.
Sobra advertir que no fueron nuestras fuerzas armadas los que supuestamente violentaron una menor, como lo han querido presentar, para hacer alarde del mas vulgar amarillismo, sino que fueron siete soldados, miembros eso sí, de esas fuerzas, quienes tuvieron acceso carnal consentido por la menor, como se ha publicado recientemente, y que según se dice, consta en el proceso.
Se dice que, en el examen realizado por el médico legista, se demuestra que no hubo violencia, que existen evidencias de experiencias sexuales anteriores a este episodio por parte de la menor, donde por la misma cultura indígena, las menores de edad, se suelen anticipar en su sexualidad, a tal punto, incluso como en el presente caso, donde según se dice consta en el proceso, fue inducida por su madre para ofrecer su cuerpo a los soldados, a cambio de dinero.
También se relata, que el procedimiento acordado no fue violento, sino de uno en uno, y cada uno iba aportando el dinero convenido para el acto delictivo.
Desde luego que, estas conductas son absolutamente detestables, aberrantes e inconcebibles, pero es la consecuencia del afán de supervivencia de las personas y de las familias, precisamente por los altos niveles de miseria y de pobreza, no solamente de las poblaciones indígenas sino de la sociedad en general, que incluye las ciudades y, con mucha mayor razón, en los barrios llamados marginados en los centros urbanos.
Es común escuchar y leer informes, donde la pobreza y la miseria inducen a las mayores, sobre todo madres, a enviar a sus hijas menores a ofrecer su cuerpo con el fin de obtener réditos económicos para la congrua subsistencia de una familia.
Es la maldición de la pobreza; irracional lo sucedido en términos normales, pero explicable en países mal llamados en vía de desarrollo; esto debe servir, para cuestionar la responsabilidad de los dirigentes y obligarlos a tomar decisiones en la lucha contra la pobreza.
Muy responsables de esta conducta, tanto los soldados como la medre de la menor, inducida a mercadear su cuerpo.
