lunes, 06 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-08-17 08:08

Entre la libertad y el orden (III)

Escrito por: Jorge Eliseo Cabrera Caicedo
 | agosto 17 de 2019

 

El ex Ministro Carlos Rodado continuó su magnífica exposición, refiriéndose al siglo XX, con las funestas consecuencias de la Guerra de los mil días y las demás, culpándose los dirigentes recíprocamente. El General Reyes se va del país y lo reemplaza González Valencia, quien como líder republicano era partidario de la reforma de la Constitución de 1886, convoca a Asamblea Constituyente y comienza el Republicanismo. La intolerancia prevalece y es asesinado Uribe Uribe en 1915 y Gaitán en 1948. Se acentúa la violencia partidista y las elecciones se manipulan. El frente nacional apacigua los ánimos. Los excluidos, motivados por la revolución Cubana, se levantan en forma de guerrillas con el objeto de llegar al poder: FARC, ELN, EPL, PRT entre otros. Se realizan varios intentos fallidos de acuerdos de paz.

El narcotráfico, desde los años 80 permeó todos los tejidos de la sociedad y las guerrillas encuentran en esa actividad, la manera de financiarse y enriquecerse. Las FARC se convierte en la primera guerrilla capitalista del mundo, y acorralan al Estado. Era una situación de anarquía, ausencia de autoridad y de Estado. Las bandas criminales, las guerrillas y los narcotraficantes se repartían el territorio nacional. Entre el 2002 y el 2010, las FARC se redujeron a la mínima expresión y sus efectivos remanentes se refugiaron en Venezuela, bajo la protección del Presidente Chávez.

Sobre el Acuerdo de Paz, el doctor Rodado hace estas precisiones: Todos los Colombianos queremos la Paz. El Conservatismo no se ha opuesto a un pacto para materializar la Paz (Betancur y Pastrana), y la quiere de una manera sólida y verdadera.

El actual proceso de Paz comenzó mal y ha seguido mal. El Gobierno aceptó todo lo que le pedían las FARC como si el Estado se hubiera sentado a negociar como el ejército vencido y las FARC como el ejército vencedor. El Estado aceptó ceses bilaterales del fuego, lo que jamás ha debido pactarse porque el Estado, la autoridad, el orden, no pueden desaparecer temporalmente del territorio, cuando está es obligado a garantizar la seguridad ciudadana. Se aceptó que el narcotráfico fuera un delito conexo con el conflicto. Se aceptó que los jefes guerrilleros llegaran al Congreso antes de ser procesados y antes de decir la verdad que es el primer paso de la secuencia: verdad, justicia, reparación y no repetición. No se pactó un mecanismo para garantizar la entrega de la totalidad de los bienes ni para que revelaran las rutas del narcotráfico. La reparación material de las víctimas la asumió el Estado. El Gobierno aceptó demasiadas obligaciones y subsidios. En el Acuerdo de Paz se estiraron tanto las libertades que dejaban prever que el orden estaría comprometido durante su implementación, como el país entero lo ha visto.