Enterrando el Río de las Tumbas
El Río de las Tumbas, como era llamado por nuestros antepasados el Río Grande de la Magdalena, agoniza día a día y poco o nada hacen las autoridades y nosotros, como ciudadanos corresponsables, para evitar esta monumental tragedia ecológica.
El Huila es uno de los 11 departamentos que recorre el majestuoso río Magdalena y tiene el honor de ser la cuna de nacimiento del río el "Páramo de las Papas", en el paraíso y reserva natural "Laguna de la Magdalena". Sus cristalinas aguas fluyen a través del Valle del Alto Magdalena, formando el cañón del río, que regala a propios y turistas la belleza y maravilla natural del "Estrecho del Magdalena", hasta convertirse, después del Estrecho de Pericongo, en un río de llanura.
Infortunadamente, a menos de 100 kilómetros de su nacimiento, ya se ha iniciado un deshonroso proceso sistemático de maltrato contra el río, su fauna, flora y biodiversidad, con la disposición de aguas servidas, contaminadas y no tratadas de municipios aledaños como Pitalito y Garzón, ambos con más de 100.000 habitantes.
El Informe de Ejecución Plan de Acción 2018 de la CAM, establece que sólo 21 de los 37 municipios huilenses, tienen Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales -PTAR- en operación. Es decir, únicamente el 57% de los municipios realiza algún tratamiento de tipo físico, químico, fisicoquímico y/o biológico, para eliminar o reducir las cargas contaminantes de las aguas residuales que provienen de las viviendas.
Lo triste de la historia, es que Neiva, Pitalito, Garzón y La Plata, que concentran la mayor población y por ende son los mayores aportantes de cargas contaminantes directas al río Magdalena -alrededor del 72,36 % de carga en demanda bioquímica de oxígeno y el 72,38 % de carga en solidos suspendidos totales-, no cuentan con este tipo de sistemas de tratamiento, es decir, no tienen PTAR, a pesar que existen incluso sentencias judiciales, contra algunos municipios, por el delito ecológico que están cometiendo contra el Magdalena y en consecuencia, contra todos los ciudadanos colombianos.
Lo anterior, únicamente puede explicarse por la ineptitud, negligencia, falta de visión y voluntad política de los gobernantes. No han priorizado éstos el medio ambiente y el planeta como escenario rector y obligatorio de la ejecución de la política pública, a pesar de las exigencias normativas, sentencias judiciales y requerimientos de organismos internacionales.
Aunado a la falta de las PTAR, está la penosa contribución hecha por muchos coterráneos que contaminan el río al arrojar basuras, plásticos y todo tipo residuos, en una muestra clara de falta de conciencia ambiental y social.
Las acciones para rescatar al río Magdalena deben ir más allá de camisetas estampadas con “NO+REPRESAS” y campañas publicitarias promocionando a Neiva como la “Capital del Río Magdalena”. Oprobioso ser la capital del río y la que más lo contamina.
Se debe trabajar de manera incansable y articulada con el Gobierno Nacional, entidades ambientales y cooperación internacional para construir y poner en operación, de forma prioritaria y urgente, las PTAR de Neiva, Pitalito, Garzón y La Plata, de lo contrario asistiremos todos al entierro del Río de las Tumbas.
