En la mitad del gobierno Duque
Por Ernesto Cardoso Camacho
No es una tarea fácil pretender hacer un balance objetivo y riguroso de la gestión que el gobierno Duque ha realizado llegando a la mitad de su período. Sin embargo, es indispensable intentarlo no solamente por las expectativas que su elección despertó en la mayoría de colombianos, sino también por cuanto a partir del próximo 7 de agosto ya es inevitable que se haga realidad la frase de tener “ el sol a las espaldas”.
Partiendo de las realidades actuales que nos ofrece la dinámica política, económica y social; es evidente que no obstante la inesperada pandemia del Covid-19; la cual ha obligado a re direccionar buena parte de la inversión pública que además ha exigido enorme esfuerzo fiscal; muchas de las promesas contenidas en su programa de gobierno que ilusionaron a sus electores no han logrado concretarse aún.
El eslogan de LEGALIDAD, EMPRENDIMIENTO Y EQUIDAD, vertido al Plan Nacional de Desarrollo como eje fundamental de la acción gubernamental, no presenta hasta ahora indicadores suficientes que permitan un balance satisfactorio.
La gobernabilidad del presidente ha sido muy precaria. En el aspecto político es verdad que la composición del Congreso no le ha sido favorable sino más bien hostil, con una oposición agresiva e intolerante, promotora de las marchas y protestas callejeras que le han causado un desgaste inocultable, hecho del cual estaba bien advertido. Su aplaudida pretensión de gobernar sin mermelada se ha estrellado con la enquistada politiquería tradicional de la clase política, ambiente en el cual, las reformas estructurales del sistema judicial, del régimen político y electoral, del sistema pensional, y el de la flexibilidad laboral que abra oportunidades a las nuevas generaciones, no han logrado el consenso necesario para su estudio y aprobación.
Pareciera que el temor de darle la razón a sus opositores en el sentido de llamarlo “el títere de Uribe” o el ofensivo título de “subpresidente”; lo han llevado a distanciarse de su propia bancada del CD, al punto que ya son evidentes las fisuras internas en donde ha hecho carrera la sensación de que ha preferido gobernar con los santistas en detrimento de los uribistas que lo llevaron al poder.
El cumplimiento de los compromisos derivados del Acuerdo de Paz; la expectativa de fumigación de las extensas áreas de narco cultivos; los escándalos de corrupción en el Ejército y la Policía; la permanencia del régimen dictatorial de Maduro; las acusaciones de la ñeñe-política; los hostigamientos de la Corte Suprema hacia el ex presidente Uribe; las evidentes presiones burocráticas para mejorar la gobernabilidad; el asesinato de numerosos excombatientes y líderes sociales; entre otros; han sido hechos perturbadores que de una u otra manera han incidido en afectar la gestión del presidente.
Para muchos de sus críticos, ha sido paradójico que la pandemia del Covid-19 le otorgó al gobierno el rumbo que no había logrado enfocar pero al mismo tiempo es evidente que le ha distraído de sus metas y objetivos, además de que sus consecuencias económicas, sociales y fiscales le habrán de ocasionar grandes restricciones presupuestales.
En conclusión, es indiscutible que no obstante su liderazgo en la positiva atención de la pandemia, son escasas las opciones que le quedan al presidente Duque para lograr una gran gestión. No obstante, merece la confianza en sus capacidades, sanos propósitos y deseos de acertar. Quizá deberá replantear muy pronto su esquema estratégico y el cerrado círculo que lo rodea, pues se acelera el calendario electoral y con ello la renovación del congreso y la sucesión presidencial, realidades que sin duda alguna afectarán aún más su gobernabilidad.
