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Opinión/ Creado el: 2020-03-16 02:05

En el proceso de transacción el compromiso es unánime

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 16 de 2020

 

Por: Johny Hernando Bautista Beltrán

Los soldados de la Novena Brigada del Ejército Nacional, adelantamos de manera ininterrumpida esfuerzos operacionales encaminados a consolidar el ambiente de seguridad que necesita el departamento del Huila y que demandan todos sus habitantes; esta es una tarea que de manera articulada y con una alta coordinación interinstitucional, Militares y Policías desarrollamos todos los días con el propósito de consolidar definitivamente un ambiente seguro en territorio Opita.

Mucho se ha hablado de que la seguridad es un tema de todos, es decir Fuerza Pública, autoridades civiles y sociedad civil; no obstante con preocupación se aprecia que a veces, esta responsabilidad se le atribuye con un dejo de exclusividad a los uniformados, y no es la primera vez que abordo esta preocupación en mis columnas, lo qué pasa es que es un tema reiterativo que aflora recurrentemente en algunos escenarios en los que compartimos con las demás autoridades.

Comprender la problemática que enfrenta el Departamento en este tema específico no resulta sencillo, especialmente por las expectativas generadas con ocasión de la firma del acuerdo de paz con las Farc. Si bien es cierto, no es para nada comparable la actual situación, con el ambiente de zozobra que años atrás sufría el Huila producto de las acciones terroristas perpetradas por la extinta guerrilla, lo que vemos hoy no deja de generar incertidumbre en la gente que había afincado su anhelo de tranquilidad total en el mencionado acuerdo.

Enfrentar todos estos desafíos y amenazas requiere dar una lectura integral a los antecedentes, para entender que lo que estamos viviendo es una transición de una guerra de baja intensidad de más de 50 años que enfrentó a un actor irregular, y enfatizo, un actor, uno de varios para ser más claro, y el Estado; un conflicto que más que eso, fue una agresión sistemática contra un país.

Seguramente la percepción de lo qué pasa en este contexto es el resultado de la frustración propia de la expectativa irresuelta, es decir no alcanzada, al menos en su totalidad, pero esto en el concepto de los entendidos en resolución de conflictos y con experiencia en procesos de paz en muchos países, es un paso apenas lógico; lo escuché de un alto Oficial de la ONU, él me comentaba que el promedio de tiempo aproximado de transición de la guerra a la paz, después de este tipo de procesos, oscila entre los 20 a los 25 años.

Seguramente nos falta mucho, hay heridas abiertas que no se cerrarán de la noche a la mañana, hay excombatientes que seducidos por la ambición y el dinero de las rentas ilegales han vuelto a delinquir, pero finalmente son una minoría, y a los que honren los compromisos, seguiremos protegiéndolos, casi siempre de sus excompañeros.

Finalmente un llamado general; la seguridad la construimos entre todos, en cabeza de las autoridades regionales y locales como primeras autoridades de Policía y responsables del orden público, con la contribución decidida e incansable de su Fuerza Pública y la colaboración solidaria de la sociedad.