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Opinión/ Creado el: 2018-01-30 01:02 - Última actualización: 2018-01-30 01:04

En defensa de las Periodistas, Columnistas, Actrices y mujeres colombianas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 30 de 2018

“Dios, antes de perder a los hombres, los hizo ambiciosos o lujuriosos”

Por Pedro Arias

Si nos atenemos a las estadísticas serias, (no a las que se refería Mark Twain cuando le achacó la frase, a Benjamín Disraeli: “hay tres tipos de mentiras: mentiras leves, mentiras graves y estadísticas”), el acoso sexual afecta a personas de ambos sexos pero, estadísticamente, la mayoría de los denunciantes son mujeres y los principales acosadores son hombres que, generalmente, ejercen este tipo de comportamiento en ambientes laborales, académicos, militares, estudiantiles, clericales e incluso familiares.

Considero importante aclarar a mis lectores algunos términos que se han escuchado en estos días a propósito de la columna de la querida colega Claudia Morales, que ha alborotado, con justa razón, un avispero.

El acoso sexual es una forma de intimidación o de coerción de índole sexual, que tiene el propósito de atentar contra la dignidad de una persona; o, también, son las promesas no deseadas o inapropiadas de recompensas a cambio de favores sexuales, que crean un ambiente intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo. En la mayoría de los países del mundo -en 125 de ellos- el acoso sexual es ilegal.

Es diferente cuando se habla de violencia sexual ya que este término hace referencia al acto de coacción hacia una persona con el objeto de que se pliegue o se someta a una cierta conducta sexual. Por extensión también se consideran ejemplos de violencia sexual "los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y/o el lugar de trabajo."

La violencia sexual se manifiesta con actos agresivos que, mediante el uso de la fuerza física, psíquica o moral, reducen a una persona a condiciones de inferioridad para imponer una conducta sexual en contra de su voluntad. Este es un acto que busca fundamentalmente someter el cuerpo y la voluntad de las personas. Los casos más frecuentes de violencia sexual son ejercidos sobre niños (la pedofilia y el abuso sexual intrafamiliar) y la violación de mujeres.

La diferencia entre abuso sexual infantil y estupro radica en que en el primero son menores de edad que aún no tienen conciencia de qué consiste el acto sexual y en el estupro son menores de 18 años y mayores de 12, en el cual el ofensor obtiene el consentimiento de su víctima por medio del engaño y de la seducción. En este delito es fundamental que la víctima no pase de 18 años. Los sujetos son: Activo = Persona mayor de edad que realiza el engaño. Pasivo = Persona que tenga más de 12 años de edad y menos de 18. Por su duración: Este es un delito que se puede llamar “instantáneo” porque la acción delictiva se consuma en el momento mismo de su realización y es perseguible únicamente por la petición de la parte ofendida. (En este delito no existe violencia).

Cuando hablamos de violación, como la denunciada por la periodista Claudia Morales en su columna de opinión en el diario El Espectador: ‘Una defensa al silencio’ ese es otro cantar, porque allí se relata la configuración de un delito, que se basa en la agresión de tipo sexual que se produjo cuando “Él” tuvo acceso sexual hacia ella, mediante el empleo de violencia física, psicológica y de coerción que anularon la resistencia de la ofendida.

“Él” tiene que ser muy intimidatorio por su poder y, muy peligroso por su manera de ser, para haberle neutralizado a Claudia, por tantos años, sus sentimientos de ira, de impotencia, de humillación y de sed de justicia, no de venganza, porque ella tiene fama de ser una mujer equilibrada, inteligente y noble.

En la columna de Paola Ochoa, El Tiempo, 21 de Enero, 2018, no quedó “títere con cabeza”, como dice el refrán popular, al referirse a las divas periodistas, columnistas y actrices colombianas a las que les pregunta con vehemencia si van a dejar pasar la ocasión sin que se escuchen sus voces de protesta, porque quizás algunas de ellas pudiron ser víctimas de un superior que las acosó sexualmente o de un “jefe que las manoseó, las tocó, las asechó, las persiguió y las humilló con insinuaciones de sexo a cambio de no hacerles la vida insoportable”.

Y Paola se pregunta lo mismo que muchos colombianos: “¿Es este el modus operandi en la política, el sector empresarial y los medios?”. Pues parece que sí, que aquí, en Nueva York, en Hollywood, en Washington, en Moscú, en Cafarnaúm, en las Naciones Unidas y en toda la faz de la tierra, la maldición bíblica de la codicia y la lujuria tiene perdidos a los hombres (y a algunas mujeres).

La periodista Claudia Morales afirmó públicamente que no está buscando ningún tipo de protagonismo y que todo lo que ha ocurrido tras su denuncia sobre abuso sexual en su contra, ha hecho que se reafirme en no mencionar el nombre de su agresor.

“Me muero del terror de decir quién me abusó, el escándalo no importa o que se diga una cosa u otra, que le digan a usted que es ‘mamerta’, ‘enmermerlada’, ‘paraca’, vendida, usted sabe que si escribe de abuso es víctima de acusaciones. Porque también existen los ejércitos anónimos que atacan y como son anónimos, uno debe darle a eso su justa proporción”, expresó, y cada quien es dueño de sus propios miedos y temores, y eso es respetable.

¿Qué va a pasar después de que amaine la tormenta? No mucho creo yo. Porque la investigación de “oficio” ordenada por la Fiscalía terminará archivada, por falta de pruebas, en uno de sus anaqueles del olvido.

Las redes sociales se dedicarán a otros temas, sin descartar, por ahora, las insinuaciones perversas, los mantos de dudas, los insultos a la violada, las veladas acusaciones a jefes inocentes y la defensa agresiva, “por si las moscas”, de posibles implicados.

Pero los periodistas, hombres y mujeres sí debemos dar nuestro decidido respaldo a la actitud de Claudia, quien con valentía ha afirmado que sin importar el tremendo escándalo que se ha formado dentro de ésta sociedad hipócrita, ella volvería a escribir su columna, porque al hacerlo lo que buscaba era que “la sociedad se diera cuenta de la existencia de las víctimas de abuso sexual, de que existen y que hay que respaldarlas”. Y desde esta columna le ofrecemos, a ella y a todas las víctimas, nuestro sincero respaldo.

 


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