martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-03-02 02:29

Emergencia vial para el Huila

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | marzo 02 de 2019

Cuando se esperaba que las autoridades del Departamento y de cada uno de los entes territoriales que lo componen, pusieran su voz de alerta y convocaran a las comunidades, a los gremios, a las fuerzas vivas de la región, para sentar una voz de protesta por la desidia y el abandono total de nuestras vías carreteables, es cuando consideramos que no tenemos ni voz ni voto, en la política nacional y que estamos condenados a seguir siendo testigos del paso agresivo de la corrupción, sin Dios ni Ley.

Muchos dicen que somos pacifistas y resignados. Otros nos tratan de celios y de pendejos, pero ninguno se equivoca en advertir que la dirigencia política y gremial, constituyen la cuota de inferioridad más grande que ha tenido la historia de nuestro Departamento, ante el Gobierno Nacional.

Qué podemos esperar entonces para soñar con un turismo o con una proyección hacia una Educación de calidad o que abra las puertas para pensar que hemos de convertirnos de la noche a la mañana, en la fuente generadora de una sociedad que se revitalice en la reconstrucción de su propia historia?.

No hemos sido capaces de conocer nuestros derechos. Los derechos de las comunidades, de las poblaciones y de los individuos, no son solo aquellos que las autoridades reconozcan y validen en nuestro favor. Son aquellos que nosotros mismos sepamos que existen y que los ejercemos a partir inicialmente de construir región, de tener proyectos que universalicen nuestra concepción de la vida y que nos motiven a emprender los caminos hacia la consolidación de aquellos.

Los índices de accidentalidad vial, unido a las vidas humanas sacrificadas por la desidia del estado en el mantenimiento y la conservación de las vías, se une a toda esa suma de accidentes que nunca se denuncian, pero que se suceden el transcurrir permanente de los huilenses, cuando tenemos que transitar obligatoriamente para atender citas en la capital o desplazarnos a otros municipios, con trochas y grandes boquetes en las carreteras, que se asemejan a trampas mortales, donde el acaso y el destino, se juegan su cuota para con unos o para con otros, en permitir llegar a su destino o sufrir los improperios de una tortura que no ve solución a corto plazo.

Y las distancias se hacen más largas, cuando hasta el concesionario de cobrar los peajes, por economía cierra sus carriles y sin importar los días de congestión y de gran tráfico, se generan largas filas esperando el turno, para poder cancelar la suma obligada que engrosará los recursos de empresas quebradas y que con la complicidad del Gobierno, siguen esquilmando el erario público.

Convoco en torno mío a toda la comunidad del Departamento, para que no nos dejemos llevar de los cuentos arrabaleros de los politiqueros y de los periodistas o de los medios de comunicación en estos momentos que se inician campañas políticas, que se han dado a la tarea de tergiversar y ocultar la realidad de un drama, que reclama una declaratoria de emergencia vial, antes de que se sigan sumando tragedias y accidentes, como los que a diario suceden en las vías de nuestro Departamento.

Si esto pasa en el Departamento, a nivel local, cada municipio vive una tragedia, sin autoridades de tránsito, con cuotas burocráticas que fungen como tal y que no merecen el más mínimo reconocimiento por una gestión nugatoria y de espaldas a la realidad de una normatividad que se ha traducido en una burla y un negocio, como todos lo saben y todos lo ocultan.


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