Ellas, merecen respeto
A través de los medios de comunicación algunas jugadoras de la Selección Colombia han denunciado algunos episodios sobre abuso sexual y maltrato, por parte de algunos integrantes de la dirección técnica, que ha sido reprochado de manera tajante por parte de la sociedad colombiana y que ha merecido respaldo de la comunidad internacional. Es deprimente que estos abusos se sigan cometiendo actualmente, generando un repudio generalizado por la forma en que se han presentado los supuestos hechos delictivos. Todos conocemos que, desde el 25 de noviembre del 2013, la federación Colombiana de Futbol, ONU Mujeres, junto con la “Campaña No es Hora de Callar”, firmaron un acuerdo de voluntades para contribuir a la erradicación definitiva de la violencia contra el sexo femenino. Lo anterior, recibió inmediatamente el apoyo de algunos órganos de comunicación, clubes deportivos a nivel profesional, directivas y de sus jugadores, con el fin de contrarrestar esta pandemia mundial que va en detrimento de las jugadoras que nos han representado dignamente y han enaltecido el tricolor nacional en el concierto internacional.
Desde que inició la liga femenina, el 15 de febrero de 2017, el mencionado Acuerdo fue ratificado ubicándolo como el soporte, que condujera a la denuncia y terminación de cualquier acto indecoroso relacionado con el abuso, explotación o acoso sexual. La sociedad en que vivimos enfrenta muchos desafíos. Uno de los cuales y de los más sobresalientes, sin duda, es su gobernanza. Por ello, la incorporación en plenitud de la mujer a la vida social, política y económica vendría bien que se viera desde la óptica de estar en igualdad de condiciones con el hombre para trabajar en colaboración en pro de un mundo mejor para todos.
Lo que, si es inaudito, es la manera como el segundo vicepresidente de la Federación Colombiana de Futbol, en lugar de apoyarlas y defenderlas de las agresiones de las cuales han sido objeto, algunas integrantes del onceno femenino de futbol y que ha sido muy decepcionante su actitud ante la opinión pública nacional. Debería el órgano rector del balompié colombiano descartar las declaraciones oficiales, rebajándolas a chismes de cocina sin fundamento, sin iniciar una seria investigación para determinar los culpables. Igualmente, sumadas estas situaciones a las ya conocidas de chantajes económicos, abuso laboral y desidia. Con ello se confirma, lo dicho por las denunciantes sobre las presuntas irregularidades en el manejo de la Selección Colombia Femenina. Además, se ratifica como han sido históricamente objeto estas valientes jugadoras, de recibir un trato descortés y de tercera categoría.
