Elegidos y electores
Hay nuevos elegidos en las corporaciones municipales y departamentales. Es decir, que la jornada eleccionaria culminó, pero que el proceso democrático y político apenas comienza.
Los elegidos deben iniciar un trabajo encaminado a la preparación de planes, propuestas y proyectos que busquen dar respuesta a las promesas hechas a los electores en campaña. Es decir, deben prepararse para gobernar bien procurando que su gestión contribuya al crecimiento y al progreso de sus comunidades.
Los electores, por su parte, también deben prepararse para vigilar, reclamar y exigir, a los que eligieron, el cumplimiento y ejecución de sus programas de gobierno, los cuales, ahora, deben convertirse en planes de desarrollo. No permitamos, nosotros los electores, que los nuevos elegidos continúen actuando como autoridades independientes abandonando e ignorando el trabajo y protagonismo que los electores tuvimos en su elección. Por eso el trabajo político apenas comienza.
Por mi parte, y luego de expresarles felicitaciones y muchos éxitos a los nuevos elegidos y reelegidos, con el mayor respeto, me permito sugerirles que incluyan en todas sus actuaciones una buena dosis de principios y valores, por un lado; y por otro, que en su gestión prioricen un trabajo hacia el fortalecimiento de la estructura social de nuestra región. De la mano de estos dos elementos, es posible mejorar muchos aspectos del panorama huilense, de cara a su desarrollo y posicionamiento.
Y por supuesto, que una de las mejores maneras de soportar este trabajo, indudablemente, es a través de la educación. Frente a esta posición, me atrevería a formular el siguiente interrogante: ¿Cuál es la idea de progreso, en términos de educación, que tienen los nuevos elegidos? ¿Qué planes y proyectos se piensan implementar?
Es preciso que asuman ya los problemas de la región. Que los conviertan en prioridades sociales y los plasmen y ejecuten a través de los planes de desarrollo.
En relación con la educación, es urgente crear mecanismos para que se establezca una correspondencia entre el sistema de educación y el mercado laboral, desde el conocimiento, la pedagogía, y la educación por competencias. Una competencia que debe buscar no sólo la ejecución de acciones sistemáticas que midan determinada habilidad o determinado proceder, sino que debe propender por el desarrollo de valores que nos acerquen a experiencias de tipo social, pedagógico y educativo, con el fin expreso de avanzar hacia un desarrollo más integral del ciudadano.
De ahí que las competencias deben apostarle al desarrollo de capacidades integradoras a través de las cuales se muestre el interés y la motivación para poner en juego no sólo el “saber” y el “saber hacer”, sino también el “saber estar”.
Recordemos que los jóvenes de hoy, pertenecen a una cultura electrónica, virtual, pero sobre todo, a la llamada cultura audiovisual o digital. Una cultura donde predominan las imágenes, los iconos, y donde la teoría del color se desarrolla en todo su esplendor. Viven en un espacio en el que se desenvuelven con una destreza apabullante. Unos jóvenes que saben leer, pero su lectura está atravesada por la pluralidad de textos y escrituras que hoy circulan masivamente.
Elegidos y electores, cumplamos nuestra tarea unos y otros.
