El tiempo de las mentiras
Por Diógenes Díaz Carabalí
Éste parece el siglo de las mentiras. Parece, hay versiones, de que la supuesta utilización de gases biológicos en Siria nunca ha ocurrido. Por lo menos es lo que publican medios informativos con mucha credibilidad. El hecho de, supuestamente, haber utilizado armas biológicas, fue lo que provocó que aliados de occidente, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, bombardearan sitios estratégicos del gobierno sirio que apoya Rusia, Irán y China. Es decir, que acciones en esta parte del mundo, pueden reventar la pita de las relaciones internacionales y llevar al mundo a una debacle. El bombardeo, lógico, significa un apoyo directo a los fundamentalistas musulmanes, en particular a Isis, grupo terrorista que tanto daño ha causado en Occidente, y que pretende establecer un gobierno islamista radical en Oriente Medio.
Por otra parte, la negación de Rusia, de que no ha participado en el envenenamiento de un ex-espía ruso y su hija exilados en Inglaterra, y que ha provocado una crisis diplomática profunda, con expulsión de funcionarios de las embajadas rusas en occidente, es otro peligro en ciernes que debilita aún más la ya frágil relación entre occidente y el mayor heredero del arsenal soviético. Actos que solo los desmentirán los futuros acontecimientos, pero que las secuelas de los enfrentamientos sí se denotan de inmediato.
Es que los antecedentes de mentiras y respuestas bélicas a falsas afirmaciones desde el Pentágono hacen crisis sobre la política orbital, y no miden las consecuencias de sus acciones de “policía del mundo”. Ya vivimos el despliegue bélico en Irak con el fin de derrocar a Hadam Husein, para sin sonrojarse decirnos con posterioridad que sus efectivos en ningún momentos encontraron ningún arsenal atómico ni biológico. La tal carrera armamentista del líder árabe apenas resistió unas horas, y los reporteros de guerra nos mostraron soldados temerosos portando fusiles de la Segunda Guerra y un par de tanques soviéticos.
Es decir que cada día los ciudadanos desprevenidos nos levantamos frente a un hecho que después resulta un engaño, una mentira, pero las víctimas nunca serán resarcidas, no hay manera de devolverlas a la vida, no hay forma de que retornen a sus hogares. Todo son calculados movimientos de un ajedrez mediático con el fin de apoderarse de recursos, con el fin de poner gobiernos que favorezcan los intereses de quien agrede. El Oriente Medio es una presea inagotable donde fluye el petróleo, y es lo que hace tan atractivo para que las flotas de los países poderosos sean atraídas sin medir las consecuencias ni los muertos. Todas las revoluciones apoyadas en la región tienen un apelativo común: el petróleo. Y con esa premisa, occidente se ha equivocado en profundidad, porque el apoyo a los grupos radicales islamistas significa que ganen poder de agresión en una guerra que no les importa cuánto dure con tal de imponer en el mundo el paraíso musulmán.
La pregunta es: ¿hasta cuando el mundo fluctuará entre la mentira y la avaricia de un estómago imposible de llenar, que parece propio de las potencias del mundo? No importa que el planeta reviente de un momento a otro.
