El terrorismo jamás ha sido el motor del cambio
Ayer los colombianos marchamos, más allá del partido político de nuestra simpatía y más allá de las ideas que apoyemos o a las que nos oponemos. Ayer fuimos capaces nuevamente de unirnos en un solo clamor de no más violencia y terrorismo en Colombia.
Cada región en una medida diferente sigue enfrentando la violencia en todas sus formas y ayer en diferentes ciudades vimos un país cansado de lo mismo. Como muchas ciudades en el país, Neiva ha sido víctima histórica de actos de violencia que han marcado el destino de muchas personas en la ciudad y eso hace que nuestra solidaridad con las víctimas del atentado sea absoluta.
El atentado del jueves acabó con la vida de 21 personas, con la aparente tranquilidad a la que estamos acostumbrados los colombianos y nos enfrentó a la realidad de nuestra vulnerabilidad.
En un día como hoy me pregunto por qué hay quienes creen que realmente el terrorismo es el camino para alcanzar o al menos motivar el cambio. La historia, menos contadas excepciones, está llena de ejemplos que demuestran lo contrario.
El terrorismo no ha sido nunca, ni será el camino. Como neivana no hago concesiones de ningún tipo, ni cedo ante la violencia y mucho menos cuando se trata del asesinato de civiles. Nuestra ciudad comprende lo que significa esto para los ciudadanos y para el país y la zozobra que generan estos actos de terrorismo que son repudiables y frente a los cuales lo único que se puede pedir es la persecución por parte de las autoridades a los autores del atentado. Que sean sometidos a la ley sin ninguna contemplación.
¿Qué consiguió el atentado del jueves? Consiguió atemorizar de nuevo a los colombianos, unir al país en un solo clamor y sobre todo, alertarnos ante la amenaza del terrorismo que enfrentamos. Una amenaza que se relaciona además con la inseguridad y con la violencia de nuestras ciudades.
Así como rechazamos estos actos, debemos rechazar toda forma de violencia, porque cuando hacemos concesiones en este sentido estamos aceptando que el fin justifica los medios, estamos construyendo una sociedad destinada al fracaso.
Según el más reciente informe del Instituto de Economía y Paz, sobre el valor económico de la paz en 2018, Colombia figura entre los países donde la violencia ha causado mayor impacto a la economía al lado de Siria, Irak, Afganistán y Somalia, entre otros. Aquí el impacto de la violencia equivale al 34% del PIB.
Con la violencia llega el miedo y la inseguridad, incluso se afecta la confianza de los empresarios e inversionistas y se afecta la productividad económica a largo plazo; por el contrario, cuando en las ciudades se controla la violencia, además de innumerables beneficios, se reactiva la economía.
Lo que quiero decir es que actos terroristas como estos nos afectan y nos impactan a todos, por eso el llamado es a que nos unamos que rechacemos la violencia y no la justifiquemos desde ningún punto de vista. Que desde los hogares inculquemos a esta generación y a las próximas una cultura de no violencia en todos los sentidos.
Es un deber de los ciudadanos cuidarnos entre todos y dar aviso a las autoridades de cualquier conducta sospechosa. El respaldo a las instituciones es en este momento, independiente del color político, de las discusiones entre partidos y tendencias políticas, lo único que puede ayudar a las autoridades a enfrentar el terrorismo.
