El talante de Monseñor
Todavía tengo el corazón palpitando fuerte por las palabras de Monseñor Froilán Casas Ortiz, Obispo de Neiva, durante la misa ofrecida en la Iglesia Colonial, en acción de gracias por la libertad de mi hermano Pedro Suárez. Nadie hubiera podido encontrar mejores términos para describir la situación. Por algo los huilenses nos sentimos orgullosos de nuestro prelado que le ha dado a su dignidad católica un brillo y un sentido humano incomparable. Recuerdo que la primera vez que nos hizo llorar fue durante el sepelio de nuestro amigo Sergio Younes, cuando el propio Monseñor no pudo contener las lágrimas ante la partida de un líder tan maravilloso. La segunda vez que Monseñor “nos hizo aguar el ojo”, como se dice en el argot popular, fue en la misa de este lunes, con frases como las siguientes: “…Pedro Suárez como cualquier ser humano, más por la investidura que tuvo, merece nuestro más profundo respeto… El Señor me permitió compartir de alguna manera el dolor del ingeniero Pedro Hernán Suárez Trujillo, desde el momento que escuché la noticia sentí dolor y tristeza, conociendo la calidad humana de este ilustre ciudadano, que ha propendido siempre por el bien de su ciudad y del departamento. No dudé en visitarlo y acompañarlo para darle una voz de aliento como padre pastor, porque mi tarea de pastor no se circunscribe a ningún grupo político, a ningún partido, basta que sea ser humano para que sea objeto de mi afecto, de mi amor, de mi cariño… Damos las gracias al Señor Jesucristo para que todo este proceso de que ha sido objeto el doctor Pedro, llegue a feliz término y ojalá continúe con sus labores y proyectos de su vida familiar, laboral, política, lo que decida… Tenemos que agradecerle tantas cosas buenas que él hizo en su cuatrienio… Ojalá tengamos la oportunidad de seguirlo acompañando en sus tareas, en sus luchas de la vida… Hay gente mala en el mundo… Dejemos que Dios juzgue… A veces algunos ciudadanos están marcados por tantas razones limitantes del ser humano… Obviamente los dolores son grandes pero también el regocijo es enorme. Hoy tenemos ese pasado, ese capítulo, que con la ayuda de Dios no se repetirá, ahora disfrutemos el presente…” Gracias Monseñor, sus palabras nos llegaron al alma.
