El ser humano: sujeto de derechos y deberes
Como es apenas obvio, el ser humano es sujeto de derechos y deberes, no los animales, -estos tienen otra connotación en relación con los seres humanos, es decir se deben tratar con cuidado sin perder su condición de animales-. Los ríos y los bosques no son sujeto de derechos y deberes, ¡qué pena! Bueno, ¡hasta dónde ha llegado la trasmutación de los valores! La ética y los valores se han puesto al revés y disentir de ese colectivo cultural será objeto de rayos y centellas por aquellos que defienden la “libertad”. Como van las cosas, quienes pensamos distinto, mañana seremos echados a la gehena. Bueno, sigamos siendo antipopulares, -sí, en algunos escenarios que gritan y son minoría-. Hoy se cacarean mucho los derechos y, los anárquicos y vándalos solo conocen el verbo pedir en todos sus modos y tiempos. Hay tantos zánganos que viven protestando por todo sin aportar nada a la solución de los problemas. Estos no conocen el verbo ofrecer. Son bravos con la marrana pero con la morcilla no. Para ver una muestra del universo del problema, vayamos a la cultura de la movilidad. La ciudad de Neiva, es apenas una muestra, -ocurre en la mayoría de las ciudades del país-; cada quien hace lo que le da la gana: estaciona en donde quiera y a la hora y tiempo que quiera. Ya se ven grúas que empiezan a llevar vehículos que están estacionados irrespetando las normas de tránsito. Pero por favor, señores agentes de tránsito actúen con contundencia y no se dejen comprar, -es importante que tengan el respaldo de sus jefes, de lo contrario seguiremos en la ley de la jungla, ¡sálvese quien pueda!-. Nuestra larga Constitución tiene 380 artículos, -siendo una de las más largas del mundo, las de Inglaterra, Alemania, Japón, Suiza no pasan de 120-. El título II de nuestra Carta dedicada a hablar de los Derechos tiene 84 artículos, de los cuales, 83 nos hablan de derechos, solo uno nos habla de deberes. En ese orden de cosas, ¿qué podemos decir del colectivo cultural? Ahora tiene derecho la madre a matar a su hijo en el vientre, ¡qué horror! Crimen que no se ve en el reino animal. ¡Qué atrocidad! Y todos lo aprueban. Por favor, diga lo contrario y verá cómo será tratado, lo mandan a la mazmorra. Cómo así que las mascotas tienen derechos. Cuidarlas es otra cosa, pero no son personas. Como dice el gran sociólogo y ensayista polaco, Zygmunt Bauman, esta es una “modernidad líquida”; es decir, volátil, gelatinosa, sin fundamentos antropológicos. Parafraseando al famoso escritor peruano, Mario Vargas Llosa, ésta es la cultura del espectáculo. Todo lo sensacional pega y la gente grita sin ton ni son: ¿para dónde va Vicente? Para donde va la gente. Se oye cantar el gallo pero no se sabe dónde. Nunca la humanidad había llegado a tanto relativismo. Lo más grave de todo, es el silencio de las mayorías, acobardadas y reducidas a las catacumbas de su cobardía. Disentir es estar dispuesto al martirio. ¿Por qué unos diletantes se están imponiendo? Cómodo seguir callando.
