El segundo tiempo de Duque
Por Ernesto Cardoso Camacho
Ha sido tradicional hacer una especie de balance de las ejecutorias que el gobernante ha logrado realizar al cumplirse la mitad de su período. Al mismo tiempo, generalmente coincide esta circunstancia con la instalación del tercer año de legislatura del Congreso.
Esta realidad permite entender un concepto conocido como la gobernabilidad del ejecutivo en su interdependencia política con el legislativo; en cuanto que en el esquema de equilibrio de poderes del sistema presidencialista, el presidente es quien tiene la iniciativa legislativa en relación con el gasto público y comparte la facultad de promover actos legislativos que modifiquen la constitución; al tiempo que los congresistas mantienen su iniciativa en la elaboración y reforma de ciertas leyes, pero a su vez, la autonomía de la rama legislativa se expresa con mayor plenitud al efectuar el control político sobre los actos del presidente.
La gobernabilidad así entendida, por si misma constituye un elemento insustituible del sistema democrático, razón por la cual, no debería ser objeto de estigmatizaciones que desfiguren su esencia, ni menos aún que la deslegitimen como eficaz instrumento político de la colaboración armónica entre las tres ramas del poder que la propia Carta establece para la realización de los fines esenciales del Estado.
En el caso de la presidencia de Duque es evidente que su postura al inicio de su gobierno, no fue bien planteada por éste, ni tampoco bien comprendida por las fuerzas políticas ni por la opinión ciudadana. Se confundió el concepto de gobernabilidad con la desprestigiada “ mermelada ”; hecho que de entrada causó un distanciamiento entre tales fuerzas partidistas y el gobierno, acentuando las dificultades de la interdependencia y la armonización política institucional que fortaleció a la oposición en el congreso, con el apoyo soterrado de las colectividades que se declararon en independencia frente al gobierno, con un costo político de evidente desgaste para el presidente.
Por otra parte, se percibió cierta inconformidad al interior del CD con sus cuotas de participación en la designación de los ministros y altos cargos del ejecutivo, así como en la frondosa burocracia heredada del gobierno Santos.
Con respecto a las realizaciones de la propuesta programática que fundamenta el Plan de Desarrollo, su evaluación merecería un comentario especial sustentado en las cifras, de las cuales el propio presidente Duque mencionó puntualmente en su discurso de instalación del nuevo período legislativo. Bastaría destacar que mantiene las tres líneas básicas o ejes de su propuesta: legalidad- emprendimiento y equidad social.
Sin embargo es necesario precisar que los devastadores efectos de la pandemia del Covid 19, en los aspectos de la salud, la economía y las finanzas públicas; han alterado los propósitos del gobernante. Buena parte de la atención prioritaria en la agenda del presidente se ha dirigido hacia la contención y superación de dichos efectos devastadores, gestión en la cual, sin duda alguna se ha destacado por su liderazgo sereno y consistente.
Volviendo al aspecto político en la gobernanza del presidente, es ya indiscutible que decidió modificar el esquema al otorgar participación a los partidos en los ministerios y altos cargos del Estado, aunque mantiene una alta dosis de ministros de alta formación técnica y sin matrícula partidista, con el claro propósito de consolidar contundentes mayorías en el legislativo que le garanticen la aprobación de las reformas estructurales inaplazables como la de los sistemas judicial; político y electoral; y pensional; las cuales deben tramitarse mediante actos legislativos que exigen mayorías calificadas. Por otra parte, urgentes reformas legislativas de los sistemas de salud; del régimen laboral y otros que requieren mayorías simples.
En conclusión, el segundo período del gobierno, agravado por los efectos de la pandemia, presenta enormes retos al tiempo que se vislumbra una oposición más beligerante que acudirá a las calles con marchas y paros, buscando exacerbar las evidentes inconformidades sociales que alterarán la tranquilidad y el orden público. Es la oportunidad para que el presidente demuestre liderazgo y condiciones de estadista.
