El riesgo de caer en los extremos
Por Germán Alfonso López Daza
Las elecciones presidenciales que se realizan hoy en Colombia son una de las más cruciales de los últimos tiempos, debido a los extremos polarizados que presentan mayor opción en las casi todas las encuestas.
De un lado está el candidato Iván Duque, que representa el pensamiento del expresidente Álvaro Uribe y con él todo el discurso anti Farc y el miedo a ser una nueva Venezuela.
En el otro extremo, el candidato Gustavo Petro, que propone completa gratuidad en derechos sociales tan sensibles para una sociedad como la educación y la salud, la abolición de las EPS y el cambio del modelo minero-energético. Estas y otras propuestas han sido tildadas de demagógicas, pues se apoyan en el uso de la retórica, en los prejuicios, miedos y esperanzas de amplios sectores populares que no recuerdan su desastroso paso por la Alcaldía de Bogotá.
Esta peligrosa polarización es fruto de la insatisfacción del pueblo colombiano en temas sensibles como la seguridad, la laxitud del Acuerdo de Paz para castigar a los generadores de los crímenes más atroces cometidos en los últimos 50 años, la rampante corrupción y la enorme brecha de desigualdad.
Tales inconformidades han sido el terreno abonado para las plataformas políticas de los dos extremos y la gran acogida en vastos sectores, tanto de la clase media y alta (con Duque) como de la popular (con Petro principalmente).
Cada candidato presenta sus flancos débiles. En el caso de Duque, pesa bastante la sombra de Uribe y con él todos sus escándalos de corrupción y de abuso del poder. Y en el caso de Petro sus propuestas caen en los rasgos esenciales del populismo: rechazo a la clase política tradicional, desconfianza de las instituciones existentes, dialogo directo con la base social, fuerte movilización y participación y retórica nacionalista y liderazgo caudillista.
Este panorama lleva a concluir que definitivamente los extremos no son la mejor vía, pues rompen el equilibrio que debe existir en todas las esferas de la vida. Por ello, el elector debe sopesar de forma ponderada, si uno de los polos es lo que más le conviene al país o si el camino es el equilibrio y la ponderación. (*Dir. Grupo Nuevas Visiones del Derecho – USCO).
