Como voy a estar de acuerdo
Es preciso aclarar que un columnista de prensa nunca podrá ser objetivo y por esta razón sienta su posición frente a determinados temas que de una u otra manera le gusta a un sector y a otros no.
El columnista expresa su opinión personal en su artículo que publica en un medio de comunicación, puede ser revista, periódico, inclusive hasta radial o televisivo.
Los hechos tienen que ser relevantes y casi siempre chocan contra algunos individuos que muchas veces tienen intereses en materia política, económica o deportiva el medio en el que se desenvuelve.
Es muy frecuente que reciba interpelaciones, insultos y hasta felicitaciones, cuando el tema es relevante y critica algunas acciones que involucran a los gobernantes de turno.
Maluco cuando los medios de comunicación permiten que lo hagan dirigentes con claros intereses políticos, cuyo espacio lo dejan una vez termina la campaña y asumen algún cargo en la administración pública.
No es que esté en contra, pero debería distinguirse a quienes ejercen la actividad de toda una vida y quienes escriben o les escriben una columna con su nombre, muchas veces sin sentido ni coherencia.
Escogí este tema de fin de año para aclarar varios asuntos pendientes relacionados con las controversias generadas por mis artículos relacionados con funcionarios, exfuncionarios y contratistas del alcalde Rodrigo Lara Sánchez, la mayoría con claros intereses personales.
Estos señores cuando no les gusta algo le piden objetividad al columnista y desconocen la verdadera esencia de una opinión que debe ser subjetiva y lleva implícita el propósito de inclinar a la opinión pública con argumentos sólidos.
El columnista que trate de complacer a todo mundo le hace mucho daño a la sociedad porque se acomoda y no pisa callos por temor a las críticas, a los rayos y a las centellas o porque tiene intereses personales.
“Los columnistas son un referente dentro de los medios de comunicación con los cuales los lectores identifican la línea ideológica o de pensamiento de la misma”.
Algunos se atreven a manifestar cuando hay críticas que el periodista está presionando para que le den algo, asunto que no es mi caso y si hay alguno que pueda decir lo contrario que lo haga público.
En el caso del alcalde Lara, como vamos a estar de acuerdo con todas las fechorías cometidas en las Empresas Públicas por la anterior gerente Cielo Ortiz, quien contrató los suministros químicos para potabilizar agua con una persona que nunca presentó el certificado de calidad Icontec, inclusive hasta entregó el contrato cuando se vio comprometido.
Como voy a estar de acuerdo con el alcalde que prometió en su campaña acabar la corrupción y reestructurar a fondo las Empresas públicas de Neiva y lo único que hizo fue cambiar las personas que no le convenía en la junta directiva y la empresa sigue siendo la caja menor del municipio.
Como voy a estar de acuerdo con los estudios que realizó la empresa Sísmica e Ingeniería que envió un falso topógrafo al estadio Guillermo Plazas Alcid. Este señor Carlos Peña, no era topógrafo y presentó una licencia falsa, según el Consejo Profesional de Topografía y la Universidad Distrital Francisco José de Caldas,
Y como voy a estar de acuerdo con el verdadero responsable de que el alcalde de Neiva Rodrigo Lara Sánchez haya hecho el oso más grande, y ahora se dedica a lanzar diatribas contra Alfonso Vélez Jaramillo y otros periodistas, para justificar los millones que le paga el municipio por hacer nada.
Este señor es el responsable de construir los discursos del alcalde Lara, y sin ninguna vergüenza lo puso a leer uno que un año atrás había escrito y leído su antecesor Pedro Suarez durante la apertura del Festival.
Este discurso había quedado en un computador de la Oficina de Prensa de la alcaldía de la anterior administración y ni siquiera le cambio una coma.
Es tan descarado que hasta fue capaz de lanzar como personaje del año a su Jefe, como si no supiera que la gente sabe que él recibe paga por escribir en las redes sociales.
Esto no quiere decir que no resalte cosas buenas como la terminación del puente de la 16, que aunque es una obra que dejó contratada su antecesor Pedro Suarez, debe abonársele que hicieron la obra y está sirviendo, aunque siempre fue enemigo de terminarla.
El reparcheo de las calles, nuevos pavimentos y las obras del cambio de alcantarillado que realiza Aguas de Huila en la séptima avenida. Sin embargo, considero innecesario que gastar 1.300 millones de pesos en el alumbrado navideño, que aunque es llamativo, si es mucha plata en una ciudad, de la cual se queja el alcalde Lara que no tiene recursos suficientes para inversión social.
NOTA: Feliz año nuevo para todos mis lectores y amigos.
