El populismo en México
Me he entretenido esta semana escuchando las largas y simpáticas intervenciones que a diario realiza el Presidente de México Andrés Manuel López Obrador, de conformidad con la cartilla ya muy conocida del socialismo al estilo de Castro, Chávez y Maduro, tratando de convencer a la población de las “bondades” de ese sistema político.
Me ha impresionado el estilo bonachón, improvisado, pausado de extremo y convincente para las clases populares de su buena fe, pero sin resultados positivos hasta ahora de mejorar el bienestar de los mexicanos, sin ninguna eficacia en la acción. No es posible instaurar por Decreto la República de la paz y la justicia.
Su compromiso de vender el avión presidencial lo ha tenido que cambiar por rifarlo mediante la venta de 6 millones de ventas de boletos a $500 pesos mexicanos (USD 25) cada uno, lo cual parece una empresa de difícil cumplimiento. Sus críticos han manifestado que en lugar de dedicarse a una rifa deberían dedicarse a resolver los graves problemas nacionales.
De igual manera, luego del anuncio de suspensión de las obras de construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, ha tenido que proceder, a marchas forzadas, al mejoramiento del aeropuerto actual.
Esta semana anunció el Presidente el otorgamiento de pensión de vejez para los ciudadanos en estado de pobreza a partir de los 68 años de edad, así como la protección a los discapacitados y el derecho a la salud y a la educación.
Frente a la emergencia del Coronavirus luego de comprobarse hasta el día jueves 12 casos positivos, las autoridades sanitarias, en presencia del Presidente, anunciaron que por el momento no habrá medidas extraordinarias referente a la restricción de vuelos ni de suspensión de actos masivos pero que el país si se está preparando para la eventual propagación del virus.
Mientras tanto, en Colombia el protagonismo para atender la pandemia lo están realizando los Alcaldes de las principales ciudades, al igual de lo que sucedió con el tema de la utilización del ESMAD frente a los desmanes presentados en las llamadas protestas sociales. ¿Y nos preguntamos a qué se debe la baja aceptación del Presidente Duque? Lo elegimos para que gobernara. Para que ejerciera el poder. Lo mismo ha pasado con el compromiso de la fumigación aérea de los cultivos ilícitos. El Jefe de Estado es el Presidente de la República, no los honorables Magistrados de la Corte Constitucional. Entendámoslo.
