El poder de la educación
Por: José Consuegra
En las sociedades donde prima la desigualdad y, por ende, la injusticia social, el acceso a la educación tiene que dejar de ser un privilegio y reconocerse como un derecho inalienable del ser humano. Más aún, es imperativo exigir y garantizar que esa educación sea de alta calidad con la capacidad de promover una formación integral. Además, que atienda desde la primera infancia y durante toda la vida, sin condicionamientos sociales, económicos o de cualquier otra índole.
Históricamente, la educación se visualizó como el medio para transmitir conocimientos y experiencias; esta visión limitada de su gran potencial hoy está superada, y se le reconoce como sinónimo de desarrollo humano integral, o sea, desarrollo de la gente, por la gente y para la gente, en busca de formar ciudadanos éticos, políticos, solidarios y justos, capaces de comprender, razonar, vivir y engrandecer el acervo cultural, moral y científico, y coadyuvar en la dignificación de la humanidad.
Al no ser incluyente y universal, los conocimientos y la cultura seguirán quedando en poder de unos pocos, promoviendo grandes disparidades generacionales, de género y brechas sociales que continuarán ampliándose si no la democratizamos, y no podremos aspirar a consolidar un país democrático, justo y próspero.
Lamentablemente, en el mundo el acceso a la educación de calidad sigue siendo limitado a grupos privilegiados. A propósito de la reciente conmemoración del Día de la Educación, la Unesco publicó estadísticas expresivas de esta grave problemática mundial: un total de 258 millones de menores desescolarizados, 617 millones de niños y adolescentes que carecen de las competencias básicas en lectura y matemáticas, más del 60 por ciento de las niñas del África Subsahariana no completan la secundaria básica, 3,7 millones de niños y jóvenes refugiados que no tienen acceso escolar, entre otras.
En Colombia, datos de 2017 citados en el informe ‘Hacia una sociedad del conocimiento’ de la Misión Internacional de Sabios 2019, indican que solo el 31% de la población en primera infancia (0 a 5 años) tiene cobertura, el 71% de jóvenes entre 11 y 14 años cursan secundaria y el 43% asisten a la media. Por ello, los sabios recomendaron que la primera gran tarea del país sea garantizar acceso universal a educación con calidad, acompañada con buena nutrición y disponibilidad de servicios de salud.
El asunto es advertido en el Informe de Desarrollo Humano 2019 al plantear que las disparidades sociales y la pobreza continuarán creciendo si no se asegura la oportunidad de una educación óptima en todas las edades.
Hoy es necesario que los gobernantes y toda la sociedad nos concienticemos y dirijamos nuestra acción a construir sistemas educativos incluyentes, universales, de excelencia y pertinentes.
En el transcurrir de su historia, la humanidad ha reconocido en grado sumo el valor de la educación y del educador, y estima al educado de verdad, no a quien usa su sapiencia para alcanzar la capacidad del dominio o la ventaja injusta sobre los demás.
