El paro político: Juego de intereses
Las nutridas marchas convocadas por las centrales obreras; Fecode; estudiantes universitarios; diversas organizaciones sociales; el Polo; Partido Farc y los seguidores de Petro; han tenido un denominador común consistente en solicitar la renuncia del presidente Duque o que éste se desmarque del uribismo y en particular del expresidente Uribe.
Desde luego esta pretensión o exigencia se enmascara en las protestas y reclamos frente al gobierno, por las evidentes carencias que el Estado tiene acumuladas desde hace más de 25 años, frente a las clases populares que hoy representan cerca del 50% de nuestra población.
Es evidente que de ésa población, más de la mitad corresponde hoy a jóvenes entre 17 y 30 años, en su gran mayoría residentes en las capitales de los departamentos; donde buscan oportunidades de formación universitaria – tecnológica o técnica en las universidades públicas; o son jóvenes ya formados en tales modalidades que buscan con desespero su inclusión en la dinámica del mercado laboral que les permita concretar sus proyectos de vida.
Sin embargo, llama la atención que ese mismo sector demográfico existente en el resto de la geografía nacional, no se ha vinculado activamente a las marchas y protestas, hecho que podría significar una nueva evidencia de la histórica ruptura entre la ruralidad y lo urbano, que parecieran convivir en países distintos.
Desde luego no se desconoce que el creciente desarrollo urbano viene en buena parte alimentado por la migración del campo a la ciudad, fenómeno de movilidad social acrecentado por los estragos del conflicto, lo que permite presumir que en el fondo la razón que explica la dimensión y duración de la protesta es la falta de oportunidades más que la inequidad social.
El coro que en forma sonora se escucha como fundamento de las protestas, se precisa en las reformas estructurales que la sociedad ha venido aplazando, las cuales en buena parte son causadas por la desidia y ausencia de voluntad de nuestra clase política; representada en el Congreso, las gobernaciones y las alcaldías; peldaños que conforman la pirámide que escala en la presidencia, posiciones de poder que siempre han sido usufructuados por los partidos tradicionales y sus renovadas expresiones.
No obstante, se percibe una notoria confusión acerca de los reclamos que se expresan, la cual ha sido aprovechada hábilmente por las fuerzas extremistas de la izquierda que estimulan y promueven el vandalismo y la violencia, atemorizando a las inmensas mayorías silenciosas que impotentes siguen confiando en el liderazgo y buen juicio del presidente Duque.
La indiscutible necesidad de mejorar los servicios a cargo del Estado para ofrecer oportunidades de desarrollo económico que garantice a los jóvenes alcanzar sus metas de progreso y bienestar, se agrava por la extensión de las marchas y protestas y por los altos costos que demanda la reparación de los daños ocasionados por los vándalos.
De otra parte, la desconfianza que se transmite a los dueños de las actuales y próximas inversiones del capital nacional e internacional por la inestabilidad institucional; así como el elevado costo de la inversión pública que implicarían las reformas que se exigen en una coyuntura de alto déficit fiscal; son factores que sin duda alguna agravan el panorama nacional.
En éstas circunstancias es evidente que el llamado PARO NACIONAL NO ES NACIONAL PERO SI ES CLARAMENTE POLÍTICO. La movilización estudiantil especialmente de las universidades públicas está siendo utilizada de manera perversa y muy estratégica por el senador Petro y sus aliados, con el indudable interés político de los partidos que en el congreso pretenden presionar al presidente para volver a disfrutar la corrupta mermelada.
