El país nacional el reto del nuevo Presidente
Por Alfonso Vélez Jaramillo
El próximo Presidente de la república al que tendremos la responsabilidad de elegir este domingo, debe tener como principio insoslayable reagrupar al país nacional, porque estamos muy polarizados y Colombia esta llevada del putas.
Si el país nacional no se le atiende de manera oportuna y eficaz y el próximo Gobierno sigue empecinado en mantener la división y no cambia el discurso de campaña política, viviremos amenazados por una bomba de tiempo social. Se puede dar por descontado que no lo van a dejar gobernar por estar respondiendo y defendiéndose de los ataques.
Y ojo, que no se haga raro, que en muy poco tiempo podríamos tener nuevamente la violencia en todos los rincones del país, sin principios, sin ideas y los delincuentes comunes ejercitando terror en todas partes.
Uno de los desafíos del nuevo mandatario será inculcar respeto a los derechos humanos, constitucionales y a las libertades, porque la moral, la honra y el honor de muchas personas quedaron por el suelo en la pasada campaña.
La pérdida de la moral, en un mundo en donde hace rato desapareció la vergüenza, los hechos generadores del crimen, la intimidación y la violación de las leyes en todos los sentidos, tendrán su combustible perfecto y la nueva guerra no será entre la guerrilla y el Gobierno, será todos los colombianos.
Podría ser un conflicto sin ingredientes filosóficos ni de ideas políticas, inclusive ni siquiera por conquistas sociales, como las alcanzadas en los procesos que históricamente han adelantado los grupos de presión como las diversas organizaciones sociales.
Será un conflicto multilateral por razones de conveniencia y asuntos meramente personales, instigados por quienes se nutren de la división social para seguir explotando a los débiles y enriquecer sus arcas y la de sus familiares y amigos.
La maldita polarización descabezó a quien se atreviera a opinar sobre sus preferencias electorales, y me aventuro a manifestar que acabó con amistades de muchos años. No son pocas las relaciones despedazadas a consecuencia de la maldita guerra del miedo, las mentiras y las amenazas.
El país nacional deposita su voto con la esperanza de que el nuevo gobernante arregle la situación a todos los sectores sin excepción. Las personas de las diferentes condiciones y estratos sociales, merecen la atención de Estado.
Este domingo, volveremos a presenciar la guerra entre voto de opinión contra el voto de las maquinarias, preferencias que se enfrentan orientadas por expertos azuzadores, quienes esperan nutrirse del voto útil, el voto sanción y el voto miedo.
Cada voto tiene el mismo valor, suma, resta, elige y pone el gobernante, pero no todos son de personas conscientes de su responsabilidad patriótica debido a que muchos llegan mediante engaños a las urnas.
Las maquinarias como reza el dicho popular, son las que saben “en donde ponen los huevos las garzas”, saben cuando votar y por quién votar, aun sabiendo el daño que puedan causarle a sus colectividades o, hacerle el favor a su contrincante, como lo ocurrido en la última campaña, que no le votaron a Vargas Lleras, ni a Delacalle.
En todo caso, el nuevo gobierno tendrá que proponer y sacar adelante: 1º. Una reforma estructural al sistema de salud. No es posible que sigamos muriendo con una atención médica inhumana. 2º. Debe reformarse la manera de aplicar la justicia y sus instituciones. 3º. Establecer políticas de respeto en materia económica mediante las cuales todos ganemos sin explotación indebida acabando la guerra entre e trabajador y el generador de puestos de trabajo. Y 4º. La distribución equitativa de los dineros oficiales, atacando sin descanso a los ladrones de cuello blanco, quienes deben ser tratados como verdaderos delincuentes, no como mansas palomas.
El nuevo gobierno si quiere pasar a la historia debe propender por reglamentar el sistema de ejercer la actividad política que está podrida y, desmentir con un sana administración el temor originado en ambas campañas de querer convertir este país en una dictadura de izquierda o de derecha.
Sea quien gane entre Iván Duque o Gustavo Petro, tendrá una inmensa responsabilidad de salvar la democracia que mal o bien vivimos, ahora seriamente amenazada por el populismo de derecha o de izquierda, que recorren y están haciendo de las suyas en el mundo entero.
