martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-12-22 02:51

El país de la inequidad

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | diciembre 22 de 2018

Nuestro Estado Social de Derecho, no está estructurado en beneficio de las comunidades como un modelo que esté construido sobre las bases sociales o de protección y de apoyo a las comunidades y no propende por alcanzar los índices mínimos de justicia y mucho menos de equidad.
 
Sobre la Justicia, ya sabemos cómo está estructurada dicha rama del poder público y como día a día, van confrontándose sus propios representantes, en la banda oscura del enjuiciamiento público por sus actuaciones generando el sinsabor más agridulce de saber que la corrupción todo lo ha infectado y no se tiene la más mínima confianza en el Fiscal General de la Nación, en Medicina Legal y mucho menos en las Altas Cortes y desde allí hacia abajo en su estructura organizacional, para irse extendiendo en forma peligrosa hasta en el auxiliar de la justicia de cualquier pueblo colombiano.
 
Y en medio de todo, once millones y medio de colombianos que le apostaron a una consulta anticorrupción y que así lo refrendaron en las urnas, son silenciados por la complicidad del gobierno nacional y de un Congreso que perdió toda posibilidad de reencontrarse con la representatividad de una democracia decadente, de una democracia que no dejó de ser más que sinónimo de letra muerta, sin dolientes, sin posibilidad de exigir responsabilidades y mucho menos que sea capaz de asumir el rol que le corresponde en el devenir histórico al que estamos enfrentados.
 
Entonces mediante una ley que reparte prebendas a los potentados, se edifica una normatividad que termina fortalecimiento la economía de capital y deja sin espacio cualquier motivación  a la clase campesina y obrera en ver refrendada su capacidad de pago y su poder adquisitivo salarial, al encontrarnos con un aumento pírrico al salario mínimo, el cual en últimas es aceptado por ese millón y medio de colombianos que viven de aquel, con lo cual se crea una imagen de distracción y engaño, por cuanto, ese salario mínimo es la base o el referente para el encarecimiento de todos los componentes de la carga impositiva en Colombia.
 
Es allí donde la equidad, pierde cualquier posibilidad de reencontrarse con los colombianos, y ésta se traduce en un fenómeno que salpica en forma agresiva toda la estructura económica del Estado, en beneficio de esa pequeña capa que se hace más rica y se distribuye la burocracia a su antojo, para preservar su capacidad de dominación y el poder que se le ha revestido por la desidia y la modorra de un pueblo condenado al ostracismo y al silencio mudo de protestas que no despiertan el más mínimo interés de sus gobernantes.
 
Estamos condenados a vivir la peor de las historias. Nuestra sociedad ha terminado por ser cómplice de las injusticias, la ilegalidad y el crimen. Ha tornado al sensacionalismo amarillista de todos los espacios posibles del conocimiento humano y se ha vuelto impasible y ha soportado estoicamente con esa resignación cristiana el uso y el abuso del poder, mientras cabalgamos rápidamente hacia la miseria total, hacia el desengaño absoluto y aún nos preguntamos. Será que vale la pena, pensar por rescatar y reclamar nuestros derechos, cuando nuestros propios semejantes son nuestros principales enemigos?
 
Que esta festividad navideña, siga siendo, como lo ha sido siempre, una fachada para presentar una máscara que nos hace invisibles al dolor y a la tragedia del pueblo colombiano, mientras entonamos villancicos y cantos de paz, que nunca llegan y que no serán posibles, cuando hemos perdido el concepto de solidaridad y de afecto y de respeto en medio de la corrupción que toleramos a cada instante de nuestras vidas o de la cual somos sus protagonistas y ejecutores.

Comentarios