El odio: ¡Qué pasión tan baja!
¡Qué pena decirlo! No hay bestia más feroz que el hombre. Excúsenme, me avergüenzo de ser hombre al leer la historia de la humanidad. ¿En dónde no encuentro atrocidades? Y todo en nombre de tantas banderas y causas marcadas por el egoísmo, la mezquindad, la avaricia y la soberbia. ¡Cómo se engaña el hombre! Pareciera que la historia del hombre se haya escrito con sangre.
¿Qué cultura, qué etnia, qué partido, qué religión, qué ideología, no han cometido genocidios, masacres inmisericordes? ¡Qué horror, qué barbarie! Perdónenme, el que esté sin pecado que tire la primera piedra. Cómo me molesta que los adultos le cuenten a las jóvenes generaciones la historia con odio y resentimiento, sembrando en ellas la cizaña del odio y la venganza; ellos son cultivadores del odio.
Casos como la exhumación de los llamados criminales no hacen más que mantener vivo el odio y la animadversión contra partidos, religiones, etnias, causas, etc. No me gustan los historiadores que hablen con odio del pasado y que sigan fomentando el odio en la cultura actual. La historia hay que narrarla con serenidad, hay que juzgar los hechos de acuerdo con la realidad y la época en que sucedieron; cada hecho negativo tiene su contexto; obviamente que no se justifica el error pero sí nos ayuda a comprenderlo.
La humanidad está llena de horrores: los feroces mongoles contra los chinos, ¡qué decir de la invasión de los hunos, los tártaros, los romanos, turcos, griegos, los musulmanes, etc., etc., etc.! ¡Qué páginas tan atroces! No nos salgamos de nuestro continente: los aztecas sacrificaban a los sabios e indefensos mayas para aplacarle la ira al dios sol; se solazaban extrayendo los corazones de los integrantes de esta inerme etnia y todos lo celebraban como en un gran circo.
¡Qué no decir del coliseo romano, era todo un espectáculo ver desgarrar a los cristianos por las fieras feroces! ¡Que tristeza, la guerra tiene público! Aquí en nuestra propia patria: godos y liberales se mataban con una atrocidad que no se ve ni en los felinos más feroces de la jungla. ¡Y todo por causas tan absurdas! Sin embargo hoy se siguen cultivando esos odios. Cómo me molesta la gente que vive hablando con odio. Viven envenenados botando de su corazón la basura del resentimiento y la venganza.
Excúsenme, yo huyo de tales especímenes, que por desgracia siguen habiendo muchos. Me fastidian los discursos incendiarios, las campañas políticas agresivas e hirientes que sacan “los cueros al sol” para destruir a sus contrincantes. Me fastidian los triunfadores que llegan al poder signados por el resentimiento, tomando decisiones viscerales.
En llegando al poder, por favor, “quítense piedras y palos del camino porque aquí voy yo”. Llegan como aplanadoras a aplastar a su adversario y todo lo que se le atraviese en el camino, - no sé por qué la gente vota por exponentes henchidos de odio y animadversión-.
Hoy estamos viviendo una cultura agresiva, la ciudad se ha vuelto cruel en sus relaciones. ¡Cómo me duelen esos discursos marcados por el odio! No sé por qué hay tantos idiotas que escuchan tales estupideces.
