El ocaso del glorioso partido
La semana pasada el Partido Conservador estuvo de celebración. Hace 170 años que JOSE EUSEBIO CARO Y MARIANO OSPINA RODRIGUES estructuraron el ideario programático y político de la colectividad azul. Escribieron a dos manos la letra del himno donde plasmaron con lúcida inspiración, los valores humanos, los principios éticos y morales y la identidad ideológica fundamentados en la doctrina social de la cristiandad. El complemento ideal estuvo a cargo de quien aportó las notas marciales que lo convirtieron en uno de los más hermosos del mundo.
La vida republicana posterior a la de la llamada “ patria boba”, constituyó una de las épocas más gloriosas de la colectividad, emulando con el también naciente liberalismo, pero construyendo juntos las bases que finalmente permitieron cimentar la institucionalidad del sistema democrático. No obstante, es indispensable registrar con cierta vergüenza, la nefasta época de la violencia partidista en la que ambas colectividades estimularon el sectarismo extremo que cobró miles de víctimas inocentes.
De igual manera en el devenir histórico se debe destacar el acuerdo pacificador construido por los dos prominentes jefes de las dos colectividades, LAUREANO GÓMEZ Y ALBERTO LERAS; quienes con gesto de grandeza fueron capaces de superar las diferencias y ponerle fin al sectarismo, pactando la alternancia en el poder con el llamado Frente Nacional.
Al regresar al libre juego democrático hacia el final del siglo pasado y comienzos del presente, se empezó a vislumbrar el ocaso del otrora glorioso partido, pues solamente alcanzó la presidencia con BELISARIO BETANCUR y ANDRÉS PASTRANA, quienes construyeron acuerdos con disidencias importantes del liberalismo. En la Constituyente del 91 liderado por el expresidente MISAEL PASTRANA el partido tuvo la entereza de fijar posiciones programáticas que finalmente fueron derrotadas por las circunstanciales mayorías que dominaron sus decisiones.
La elección popular de alcaldes y posteriormente la de los gobernadores, conjuntamente con la circunscripción nacional para el Senado; corrompieron la actividad política y electoral, competencia en la que las decisiones importantes quedaron en manos de los congresistas, quienes se adueñaron de las colectividades a través de las famosas empresas familiares financiadas con los recursos derivados del presupuesto público mediante cupos indicativos, contratos y mermelada.
En éste contexto de la degeneración de la noble actividad política el conservatismo se anquilosó doctrinariamente, se convirtió en comodín electoral renunciando a su natural vocación de poder y quedó convertido en una minoría vergonzante que se dedica a mendigar pequeñas gabelas burocráticas.
Es así injustificable que luego de haber liderado la búsqueda de la paz con las Farc durante los gobiernos de BETANCUR y ANDRES PASTRANA, haya terminado siendo el idiota útil en el Congreso para validar el Acuerdo de Santos, pasando por encima de la voluntad soberana del pueblo que en el plebiscito rechazó dicho acuerdo.
Tal proceder ajeno a los verdaderos postulados del partido y de las regiones que representan sus congresistas en las regiones, es lo que estamos viendo en la actual coyuntura electoral donde como en nuestro caso, han pactado alianzas con sectores políticos en los cuales existen dirigentes judicializados y hasta condenados, pasando por encima de postulados éticos y morales que son indispensables para dignificar la actividad política.
Con toda la razón, el expresidente Pastrana les cantó unas cuantas verdades a quienes ayer y hoy han dirigido la colectividad, en los actos realizados en Bogotá para celebrar los 170 años de la que en otrora fuera el glorioso PARTIDO CONSERVADOR. Es triste tener que aceptarla, pero el ocaso de la colectividad azul es una realidad que no podemos ocultar.
