Opinión/ Creado el: 2018-12-01 02:24
El medio ambiente en las regiones
La academia nos permite recorrer cada año varias regiones del país. Pasamos de la selva en el pie de monte caqueteño, en Florencia, a la Sabana de Bogotá; vamos de la Costa Caribe, en Barranquilla, a las pujantes montañas antioqueñas en Medellín y Rionegro. Y en esos trayectos y estadías aprendemos constantemente de las maneras como el hombre colombiano se relaciona con su entorno natural, cómo resuelve los escollos que la naturaleza le presenta para su desarrollo y cómo cada vez más se incorpora en los hábitos la necesidad de conservar o recuperar el ambiente.
Desde nuestra perspectiva jurídica, por supuesto, nos preguntamos siempre sobre el cómo prevenir aún más los conflictos sociales que surgen de esa relación hombre-naturaleza (aire, agua, suelo, paisaje, fauna, flora, etc). Cómo desde el Derecho se puede contribuir a que no surjan conflictos y cómo también a resolverlos si este ya está presente. Es que es más valioso prevenir que estar en conflicto, y más en este país donde crecen los conflictos medioambientales por doquier la mayoría porque no se sinceran los problemas y esto a su vez por la pésima información que está llegando a las comunidades y la politización de los problemas.
Ciertamente en esta tarea de prevenir y resolver no bastan las normas (reglas de comportamiento). Lamentablemente la sola prohibición, límites, condicionamientos, requisitos, incluso temor al reproche, ya no es suficiente en una sociedad como la nuestra tan rebelde a aceptar reglas y buscar el orden lógico de las cosas. N siquiera prevalece el bien común. Aceptémoslo, somos bastante irreflexivos e irracionales.
Lo anterior hace mucho más compleja la tarea del análisis y plantear soluciones. Pero persistimos. Y desde la academia (o tal vez, usándola) llevamos esta necesidad a nuevas generaciones de abogados, sociólogos, ingenieros, biólogos, veterinarios y zootecnistas para que ellos sigan la tarea. Es ardua sí, pero prometedora. Mientras docentes en los pre-grados tergiversan los hechos y las soluciones posibles, en pos-grados aterrizan a los jóvenes y objetiviza sus visiones.
Desde las regiones se está aprendiendo y aportando muchísimo para cambiar los paradigmas ambientales. Anima ver que en muchas impera el sentido común y una energía inusitada para hacer por el ambiente natural que asegura el hábitat biótico. Aceptan que no basta propender por el desarrollo sostenible sino que tenemos la responsabilidad de empezar a recuperar el pasivo que heredamos. Sin decirlo expresamente hay un resurgir ético de que nuestra responsabilidad es grande para que las nuevas generaciones no tengan la misma calidad ambiental que tenemos sino una mejor.
Desde nuestra perspectiva jurídica, por supuesto, nos preguntamos siempre sobre el cómo prevenir aún más los conflictos sociales que surgen de esa relación hombre-naturaleza (aire, agua, suelo, paisaje, fauna, flora, etc). Cómo desde el Derecho se puede contribuir a que no surjan conflictos y cómo también a resolverlos si este ya está presente. Es que es más valioso prevenir que estar en conflicto, y más en este país donde crecen los conflictos medioambientales por doquier la mayoría porque no se sinceran los problemas y esto a su vez por la pésima información que está llegando a las comunidades y la politización de los problemas.
Ciertamente en esta tarea de prevenir y resolver no bastan las normas (reglas de comportamiento). Lamentablemente la sola prohibición, límites, condicionamientos, requisitos, incluso temor al reproche, ya no es suficiente en una sociedad como la nuestra tan rebelde a aceptar reglas y buscar el orden lógico de las cosas. N siquiera prevalece el bien común. Aceptémoslo, somos bastante irreflexivos e irracionales.
Lo anterior hace mucho más compleja la tarea del análisis y plantear soluciones. Pero persistimos. Y desde la academia (o tal vez, usándola) llevamos esta necesidad a nuevas generaciones de abogados, sociólogos, ingenieros, biólogos, veterinarios y zootecnistas para que ellos sigan la tarea. Es ardua sí, pero prometedora. Mientras docentes en los pre-grados tergiversan los hechos y las soluciones posibles, en pos-grados aterrizan a los jóvenes y objetiviza sus visiones.
Desde las regiones se está aprendiendo y aportando muchísimo para cambiar los paradigmas ambientales. Anima ver que en muchas impera el sentido común y una energía inusitada para hacer por el ambiente natural que asegura el hábitat biótico. Aceptan que no basta propender por el desarrollo sostenible sino que tenemos la responsabilidad de empezar a recuperar el pasivo que heredamos. Sin decirlo expresamente hay un resurgir ético de que nuestra responsabilidad es grande para que las nuevas generaciones no tengan la misma calidad ambiental que tenemos sino una mejor.
