El magisterio de la redes sociales
Por monseñor Froilán Casas
Magisterio, significa, enseñanza. Pues bien, hoy las redes sociales están “enseñando” de una manera alarmante, han generado todo un colectivo cultural acrítico. La publicidad, ejerce una influencia sin límites en el mundo de hoy. El papel de la Iglesia e iglesias, los partidos, los filósofos, los escritores, han pasado a segundo plano. Hoy la gente cambia de pensamiento como cambiarse de zapatos. ¡Qué paradoja! A la par que crece el poder de las mismas, la formación en el pensamiento crítico ha descendido abismalmente. El siquiatra español Enrique Rojas, a finales de la década de los noventa escribió una obra que leí con entusiasmo, EL HOMBRE LIGHT, en la que analizaba la superficialidad del hombre contemporáneo: un hombre que no se compromete con nada ni con nadie, volátil, como volátil es su cultura, es un hombre vacío. Más adelante, el sociólogo y escritor polaco de ascendencia judía, Zygmunt Bauman, escribía, LA MODERNIDAD LÍQUIDA, obra publicada en 2013, describe a grandes rasgos la sociedad actual: una cultura superficial, “líquida”; una cultura sin identidad. Esta clase de cultura ¿qué hombre va a producir? Pues un hombre volátil, superficial. Recientemente llegó a mis manos una obra que estoy terminando de leer, del premio nobel de Literatura 2010, el peruano Mario Vargas Llosa, LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, en la que el escritor describe la superficialidad de la cultura de hoy; el hombre moderno da unos giros copernicanos en su pensamiento. En esta cultura contar con el otro es imposible; cada quien vive su mundo y su hora. El hombre de la cultura de las redes sociales vive más con el mundo exterior que con su entorno; desconoce a los cercanos de una manera olímpica y grotesca. Lo que ayer era pésima educación, hoy es “normal”. Perdón: libre desarrollo de la persona. ¡Cuidado toco las extravagancias! Inmediatamente me descalifican y me ponen en la picota del hazmerreír público. Las minorías se imponen con agresividad ante unas mayorías impávidas y acorraladas por la cobardía. Estar “in” es nadar con la corriente, con la moda, con el que más grita, con el reivindicador de los “derechos pisoteados por la oligarquía”. ¡Cuidado se dice lo contrario! Me convierto en el escarnio público. El hombre de la cultura de las redes sociales desconoce el pasado y si lo conoce es para degradarlo y pisotearlo. Es la trasmutación de los valores en línea “nietzscheana”, es la era del superhombre, es el hombre liberado de toda esclavitud, sobre todo de la esclavitud religiosa. ¡Fuera Cristo, fuera imágenes, fuera símbolos religiosos! Es el nuevo superhombre que levanta su nueva ciudad sobre la tumba de Dios, un dios, -según él-, que lo castraba, lo mutilaba. En síntesis, un dios de esclavos. El nuevo superhombre, es “libre”. ¿Libre? Libertino e irreverente, querrá usted decir. Un hombre grosero e irrespetuoso que masacra nuestros valores y se burla de ellos. Se burla de los símbolos cristianos: el atrio de un templo, las tablas de la Ley, la estola litúrgica, las expresiones propias de nuestra fe como, dar el primer paso, se utilizan para ridiculizarlas y hay cantidad de bufones que las aplauden. ¡Qué horror!
