viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-10-30 01:52

El Magdalena

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | octubre 30 de 2019

Ya sea en el viejo bunde o el alma del Huila, la región del alto Magdalena siempre ha hecho alarde de su inmenso amor por el río que lo cruza a través de canciones, con un “Nacer, vivir, morir amando el Magdalena la pena se hace buena y alegra el existir”, o un “Es mi tierra para bien, cruza un río sin igual, que da la dicha entera al labrador a su maizal y al platanal”   y no es para menos, si el Magdalena es considerado el río de la patria, por cuanto fue durante décadas, el impulsor de la economía nacional, para un huilense significa mucho más.

Desde tiempos prehistóricos, el Huacacayo – como fue denominado por los pueblos indígenas de la región- proveyó a sus habitantes de alimento y agua durante siglos, y a su vez, forjó el carácter y la cultura de estos. Fue el rio entonces, el inspirador de un universo de seres mitológicos que eran venerados o temidos por los primeros pobladores. El mohan es un gran ejemplo de ello.

En la colonia, fueron los españoles quienes rebautizaron el rió llamándolo esta vez, el rio de la Magdalena, y su uso potencial creció significativamente.

Después de la independencia, el país se volcó a su río y en el se fomentó el transporte de bienes y productos que terminarían en Barranquilla listos para su exportación, o a la inversa, la vena que transportaba al interior todos los productos que llegaban a puerto Colombia.

Su uso ha sido tan intenso desde entonces que su salud se deteriora poco a poco.

En el Huila –su hijo predilecto- los daños al joven Magdalena son evidentes.  Neiva por ejemplo, autodenominada capital del Río Magdalena, debería avergonzarse de tan importante título a sabiendas de que es una de las pocas ciudades que aún no cuenta con una planta de tratamiento de aguas residuales, lo que conlleva a que cientos de metros cúbicos de aguas negras sean vertidas al Magdalena por día.

Lógicamente, resulta más fácil que la apacible pero poderosa fuerza de sus aguas lleven consigo los residuos de cuatrocientas mil personas, sin importar las consecuencias ambientales, más el deber ser de las cosas nos indica que tarde o temprano, nuestro río entrará en estado de contaminación severa.

Si bien es cierto las plantas de tratamiento de aguas residuales pueden conllevar a problemas de salubridad en la comunidad donde se encuentra y que en este caso serían los habitantes del sector de la comuna 1 (barrios california y camilo torres para ser exactos). También es cierto que no por ello debe el río soportar tan magna injusticia.

El rio merece que sus aguas no sean tocadas por la suciedad de una sociedad que le da la espalda, y solo se interesa en el, cuando el malencón es epicentro de las fiestas sampedrinas.

Ni hablar de las hidroeléctricas que se construyeron y que logran disminuir el caudal del río y por ende su vitalidad, llegando incluso a alterar la fauna que habita en su ecosistema.

Se requiere de manera urgente una intervención positiva del río para que no seamos nosotros los que debamos explicarles a nuestros nietos el río hermoso que una vez tuvimos y que simplemente por nuestra incompetencia, perdimos, sino que sean ellos quienes disfruten de su brisa bajo los frondosos árboles de su ribera. .

Si de amar el Magdalena se trata que mejor regalo para nuestro noble río que el de prohibir futuras hidroeléctricas y no arrojar jamás sobre el nuestras residuos. Hagámoslo, antes de que los chinos se nos adelanten y se apoderen del río, nuestro río.