Opinión/ Creado el: 2018-10-27 03:22
El horror del secuestro
Colombia ha padecido durante más de cincuenta años el flagelo del secuestro. Diversos estudios realizados, han mostrado que este abominable delito, no solo tiene efectos sicológicos más allá de las víctimas directas, sino que genera un deterioro paulatino de los integrantes de las familias afectadas. Así éstas no hayan sido plagiadas y en apariencia no se encontraron privadas de su libertad, la realidad es que ellas también se sintieron secuestradas, porque vivieron un cautiverio virtual. Las versiones presentadas por los exparlamentarios huilenses, Orlando Beltrán Cuéllar, Jorge Eduardo Gechem Turbay y Consuelo González de Perdomo, ante los Altos Togados de la JEP, relatando cada uno de los instantes de los sufrimientos vividos durante su cautiverio, se pudo conocer las atrocidades a que fueron sometidos por sus verdugos.
Son muy desgarradoras las historias que relataban sobre los peores momentos que vivieron durante su cautiverio. Se genera el más grande rechazo contra estas prácticas inhumanas desarrolladas por sus captores en los tiempos modernos y que solo son comparables con las atrocidades que cometían algunas civilizaciones antiguas. Las familias afectadas también vivieron en carne propia estas experiencias aterradoras de sus seres queridos que fueron sujetos del secuestro. Para ellas, no existieron barrotes, no estuvieron aisladas del mundo, no tuvieron una pistola enfrente, pero se encontraron encerradas sicológicamente por un secuestrador que aparecía y desaparecía de manera repentina y azarosa como un ser invisible siempre ahí presente.
Estos relatos nos muestran que más allá de la posibilidad de generar un desequilibrio emocional o una sicopatología, el secuestro alteró el funcionamiento síquico y la relación con el entorno social. Este procedimiento judicial de la JEP, están permitiendo confrontar a las víctimas directamente con la violencia sociopolítica presente en nuestro país y hace evidente una realidad que antes sólo se percibía a través de los medios de comunicación. Toda la opinión pública, debe conocer la verdad y solamente la verdad de estos hechos trágicos que vivieron miles de familias en el país. Así las causas de estos secuestros sean de carácter social, psicológica, cultural y algunas veces, religioso y económico, entre otros factores, indudablemente la causa más común es el dinero, el cual se encuentra generalmente en las raíces de todo crimen. Las ganancias ostentosas obtenidas por los delincuentes han hecho de este delito, junto con el narcotráfico, uno de los de mayor impacto y daño social. Sin lugar a duda los factores comunes que tales individuos comparten son la falta de ética y valores morales, combinado con la falta de respeto a la vida y dignidad humana.
Son muy desgarradoras las historias que relataban sobre los peores momentos que vivieron durante su cautiverio. Se genera el más grande rechazo contra estas prácticas inhumanas desarrolladas por sus captores en los tiempos modernos y que solo son comparables con las atrocidades que cometían algunas civilizaciones antiguas. Las familias afectadas también vivieron en carne propia estas experiencias aterradoras de sus seres queridos que fueron sujetos del secuestro. Para ellas, no existieron barrotes, no estuvieron aisladas del mundo, no tuvieron una pistola enfrente, pero se encontraron encerradas sicológicamente por un secuestrador que aparecía y desaparecía de manera repentina y azarosa como un ser invisible siempre ahí presente.
Estos relatos nos muestran que más allá de la posibilidad de generar un desequilibrio emocional o una sicopatología, el secuestro alteró el funcionamiento síquico y la relación con el entorno social. Este procedimiento judicial de la JEP, están permitiendo confrontar a las víctimas directamente con la violencia sociopolítica presente en nuestro país y hace evidente una realidad que antes sólo se percibía a través de los medios de comunicación. Toda la opinión pública, debe conocer la verdad y solamente la verdad de estos hechos trágicos que vivieron miles de familias en el país. Así las causas de estos secuestros sean de carácter social, psicológica, cultural y algunas veces, religioso y económico, entre otros factores, indudablemente la causa más común es el dinero, el cual se encuentra generalmente en las raíces de todo crimen. Las ganancias ostentosas obtenidas por los delincuentes han hecho de este delito, junto con el narcotráfico, uno de los de mayor impacto y daño social. Sin lugar a duda los factores comunes que tales individuos comparten son la falta de ética y valores morales, combinado con la falta de respeto a la vida y dignidad humana.
