Opinión/ Creado el: 2019-02-06 03:03
El horror del extractivismo minero
La semana pasada vimos con estupor como una presa de lodos de explotación de mineral de hierro, ubicada en el estado brasileño de Minas Gerais, reventaba de manera intempestiva, llevándose en el turbión más de 350 personas, la mayor parte de ellas trabajadores al servicio de una de las empresas mineras más grandes del mundo: Vale. Esta catástrofe ambiental y social, una de las mayores en la industria minera mundial, alcanza ya 99 muertos y 259 desaparecidos. En un verdadero horror de lodos contaminados se convirtió el cauce del rio Dulce en la localidad de Brumadinho, que, dada la extensión y densidad de los residuos de mineral desbordado, hace prever que muchos de los cadáveres nunca serán encontrados.
No es la primera vez que la empresa Vale se ve enredada en una catástrofe similar. Ya en el año 2015 se había presentado un problema similar con la represa de lodos de una mina en la localidad de Mariana en el estado de Minas Gerais, aunque de menores proporciones que el de Brumadinho. Lo grave y peligroso del asunto es que, en Brasil, la explotación minera a cielo abierto ha dejado 205 represas de residuos minerales (casi todas en el estado de Minas Gerais), la mayor parte de ellas en condiciones de precariedad por el incumplimiento de las normas ambientales y técnicas de mantenimiento.
Esta situación ha sido permitida por el estado brasileño que ha privilegiado las utilidades de las grandes mineras a la seguridad y preservación del medio ambiente que, exige en el mundo de hoy este tipo de explotaciones.
Quiero llamar la atención de este desastre, porque la explotación minero energética en Colombia, adolece de normas estrictas para su desarrollo, operación y mantenimiento. No más ahora mismo, no levantamos todos los días con los pelos de punta por la situación de inestabilidad de la represa de Hidroituango, que amenaza con ser una catástrofe de proporciones bíblicas, si por alguna circunstancia producto de la imprevisión y la avaricia, finalmente falla. Por lo pronto, en el afán de “salvarla”, están desarrollando un procedimiento que amenaza la estabilidad ambiental del río aguas abajo de la represa al perder su caudal ambiental mínimo. Si eso se hace, con el visto bueno del gobierno a todos los niveles: nacional, departamental y municipal, para proteger la inversión multimillonaria de EPM, el Idea y los bancos prestamistas, mayoritariamente extranjeros, ¿en donde quedan los intereses de los millares de familias, negocios y empresas que desde octubre están siendo afectados en materia grave por esta situación calamitosa?
Esto para no hablar del desastre ambiental de más de un siglo que ha dejado como legado la explotación petrolera en el país, donde todos los días vemos la contaminación que producen pozos mal sellados, sin ningún tipo de mantenimiento. Cuantas fuentes de agua se han perdido, algunas por su secamiento total, otras por la contaminación sin cuidado ni prevención mínimas.
Definitivamente, “no todo lo que brilla es oro”, ese refrán popular hay que aplicarlo a raja tabla para la industria minero energética.
No es la primera vez que la empresa Vale se ve enredada en una catástrofe similar. Ya en el año 2015 se había presentado un problema similar con la represa de lodos de una mina en la localidad de Mariana en el estado de Minas Gerais, aunque de menores proporciones que el de Brumadinho. Lo grave y peligroso del asunto es que, en Brasil, la explotación minera a cielo abierto ha dejado 205 represas de residuos minerales (casi todas en el estado de Minas Gerais), la mayor parte de ellas en condiciones de precariedad por el incumplimiento de las normas ambientales y técnicas de mantenimiento.
Esta situación ha sido permitida por el estado brasileño que ha privilegiado las utilidades de las grandes mineras a la seguridad y preservación del medio ambiente que, exige en el mundo de hoy este tipo de explotaciones.
Quiero llamar la atención de este desastre, porque la explotación minero energética en Colombia, adolece de normas estrictas para su desarrollo, operación y mantenimiento. No más ahora mismo, no levantamos todos los días con los pelos de punta por la situación de inestabilidad de la represa de Hidroituango, que amenaza con ser una catástrofe de proporciones bíblicas, si por alguna circunstancia producto de la imprevisión y la avaricia, finalmente falla. Por lo pronto, en el afán de “salvarla”, están desarrollando un procedimiento que amenaza la estabilidad ambiental del río aguas abajo de la represa al perder su caudal ambiental mínimo. Si eso se hace, con el visto bueno del gobierno a todos los niveles: nacional, departamental y municipal, para proteger la inversión multimillonaria de EPM, el Idea y los bancos prestamistas, mayoritariamente extranjeros, ¿en donde quedan los intereses de los millares de familias, negocios y empresas que desde octubre están siendo afectados en materia grave por esta situación calamitosa?
Esto para no hablar del desastre ambiental de más de un siglo que ha dejado como legado la explotación petrolera en el país, donde todos los días vemos la contaminación que producen pozos mal sellados, sin ningún tipo de mantenimiento. Cuantas fuentes de agua se han perdido, algunas por su secamiento total, otras por la contaminación sin cuidado ni prevención mínimas.
Definitivamente, “no todo lo que brilla es oro”, ese refrán popular hay que aplicarlo a raja tabla para la industria minero energética.
