El Fiscal debe renunciar
Si al maestro Salustiano Tapias, le hubiera tocado vivir el calvario por el que está atravesando el Fiscal General de la Nación, seguramente habría muerto nuevamente de un ataque fulminante.
Por su condición y templanza no habría aguantado un chaparrón del borrascoso huracán mediático que está a punto de sacar del cargo al alto funcionario, por su relación con el escándalo de Odebrecht.
"Salustiano Tapias", de oficio albañil, era el seudónimo del periodista y humorista colombiano Humberto Martínez Salcedo, creador en la década de los 50 del periodismo satírico, y nada menos que padre del actual Fiscal General de la República Néstor Humberto Martínez, inclusive son idénticos físicamente.
Humberto Martínez o “Salustiano”, desde los medios de comunicación, entre chistes y bromas sarcásticas castigaba a la dirigencia política y a los funcionarios por algún desafuero cometido en ejercicio de sus funciones.
Era tan mordaz, tan cáustico, que fue sancionado por cuatro gobiernos que lo sacaron temporalmente de los medios de la radio por sus grandes críticas alrededor de los pobres y los temas socio-políticos.
“El Rey del palustre", como se le conocía era implacable, y si viviera, y el fiscal no fuera su hijo, lo había acabado con sus filosas criticas cargadas de severidad, que vigorosamente lo consagraron en su tiempo como uno de los padres del humor político de mediados del siglo XX.
Por su parte, su hijo, el hoy impugnado Fiscal Martínez, es un ilustrado jurista y en su recorrido profesional ha defendido a multinacionales, entidades financieras e ingenios azucareros que fueron sancionados por la Superintendencia de Industria y Comercio.
Asesoró jurídicamente al grupo económico de Luis Carlos Sarmiento Angulo, y ha mantenido una estrecha relación entre poder económico y el político colombiano, que ahora está causándole problemas.
Y es precisamente por su cercanía con el poder que está en el ojo del huracán, porque ejerce como Fiscal General de la Nación, cuya principal función es precisamente investigar delitos y acusar a los presuntos responsables.
Su cargo es uno de los más importantes del poder público en Colombia, fue elegido por la Corte Suprema de Justicia de terna enviada por el Presidente de la República y de él se esperaba una imagen y un comportamiento intachable para que tuviera plena credibilidad.
Según informaciones de prensa Néstor Humberto Martínez admite que conoció de irregularidades en Odebrecht antes de ser fiscal, pero que su informante Jorge Pizano, ya muerto, no tenía certeza si habían coimas, por lo tanto no creyó necesario informar ante las autoridades.
Aceptó que supo lo de Odebrecht porque Pizano le pidió el favor que le llevara un documento a Luis Carlos Sarmiento Angulo, y le preguntó si tenía certeza de robos internos y el no precisó, de lo que más tarde se supo que eran coimas que no creyó necesario denunciar si no existía nada concreto.
El Fiscal Martínez aún no ha sido condenado ni vencido en juicio y goza de la presunción de inocencia, conforme a las normas constitucionales y legales, no obstante, creo que la va a ser muy difícil recuperar su imagen que debe ser íntegra y si se quiere inmaculada, y la de la Fiscalía, así logre demostrar que es inocente.
Le quedan dos años en el cargo, que van a ser muy largos en los cuales tendrá que aguantar toda clase de ataques, es decir no lo van dejar trabajar, exterminarán la poca imagen de la fiscalía y será otra estocada a la desprestigiada justicia colombiana.
Por tanto considero que lo mejor que puede hacer es renunciar al cargo para que éste escándalo no afecte más la institucionalidad, creo que llegará el día en que nadie le va creer lo que dice y se burlarán de sus investigaciones, así no tenga responsabilidad de algún delito.
Señor Fiscal, desde los romanos existen reglas de derecho que escapan de la sanción legal, y las reglas morales imponían la sanción en la conciencia y no en la Ley, debe renunciar, porque no solo se debe ser honesto legalmente sino tener limpia la conciencia. Renuncie y le hace un favor a los colombianos.
