El feminismo asusta
Juanita Escandón Salazar
Nunca me he declarado feminista, creo que en esta época donde podemos construir nuestra identidad a partir de múltiples corrientes de pensamiento, caer en lo radical de los “ismos” es irresponsable y va en contravía de lo que considero libertad.
Pero debo admitir que aunque me identifico con muchas de sus luchas, me siento cohibida a la hora de hablar sobre el tema. Y es que ser feminista en Colombia - asusta-
Si nos remitimos a su concepto esencial, el feminismo nos habla sobre cómo las mujeres y los hombres, en nuestra calidad de seres humanos, debemos gozar de los mismos derechos y oportunidades. Sin embargo, las lecturas erradas que existen alrededor del tema, lo han convertido en un movimiento de ‘amores y odios’. Por eso prefiero proporcionarles una visión de lo que significa ser una mujer de mi generación en Colombia, que en parte se alimenta de las visiones de otras mujeres con las cuales he hablado recientemente del tema.
Por un lado, no puedo desconocer que (aunque falte mucho por recorrer en materia de equidad de género) agradezco haber nacido en una época en la que puedo expresar mis opiniones, haber tenido la oportunidad de estudiar una carrera de mi elección y poder aspirar a crecer profesionalmente en un medio como la publicidad, que no hasta hace mucho era exclusivo de los hombres.
Y si también soy feliz porque hasta cierto punto tengo autonomía sobre las decisiones que tomo sobre mi cuerpo, sé que al igual que muchas otras mujeres de mi edad, mis expectativas de realización personal, mi forma de pensar y mis sueños se enfrentan constantemente con la formación que recibí de niña y los ideales de rol femenino que heredé de nuestra sociedad -todavía- machista.
En Colombia, ser mujer significa ser lo suficientemente empoderada y competitiva para abrirse camino en terrenos profesionales, pero no lo suficientemente independiente para no asustar a los hombres que se fijan en nosotras.
Significa gozar de la libertad financiera que nos da la autonomía que tantas mujeres de anteriores generaciones anhelaban, pero renunciar a la generosidad de tantos hombres que confunden el ‘deber gastar’ con la generosidad y los detalles que alimentan las relaciones (y que por supuesto deberían ser recíprocos)
Significa ser lo suficientemente avanzadas para disfrutar de nuestra sexualidad sin tapujos, pero no manifestarlo abiertamente para no ser descartadas como ‘material de relación sentimental seria’
Significa ser libre para estudiar, trabajar y recorrer el mundo, pero no por tanto tiempo, de lo contrario perdemos nuestros mejores años reproductivos y la posibilidad de formar una familia.
Ser mujer, para mí, significan estas y más cosas que oscilan entre la satisfacción y la culpa, las inseguridades y las certezas, pero sobre todo la confianza de encontrar en el camino, personas que coincidan con mi visión de empoderamiento femenino, una que no discrimina géneros, que no causa recelos y que nos permite a mujeres y hombres relacionarnos de forma más humana y ecuánime.
