El Estado no garantiza seguridad
La Carta que nos rige afirma con toda claridad que el Estado tutela la vida, honra y bienes de los ciudadanos. Con frecuencia estas afirmaciones son letra muerta. Por eso cada vez la gente cree menos en sus instituciones. Uno es el discurso y otro el día a día. No se trata de llenar el escenario del país con fuerza pública. Un Estado que luche por la justicia y la equidad, necesita menos presencia policial en las calles. Mientras no se erradique el desempleo, habrá delincuencia. Si no pasamos de un Estado asistencialista a un Estado promotor de la persona humana para que ella sea la gestora de su propio desarrollo, estaremos muy lejos de una sana y agradable convivencia. Si seguimos con esa abismal diferencia de salarios: mientras unos pocos, se autorregulen su tabla salarial y la gran mayoría somos regulados por los famosos aumentos anuales en concordancia con el IPC y otros manejos económicos, no habrá paz. Esa es una enorme injusticia. No nos digamos mentiras. ¿Quién determina los aumentos salariales del congreso, las altas cortes, las cabezas de los órganos de control? Amigo lector: compare la diferencia y pondrá un grito en el cielo. Como dice la sabiduría popular: o todos en la cama o todos en el suelo. ¿Quién se le medirá a hacer sustanciales reformas en este aspecto? No es armando a la fuerza pública como se establece la paz social; solo la justicia es la fuente de la paz. Hay que pasar del subsidio a la mendicidad al subsidio a la productividad. Estimulemos al que produce, al que trabaja, no alimentemos a los zánganos. No es dando pescado, es enseñando a pescar. Si usted da pescado, “soluciona” el problema por un día; si enseña a pescar, soluciona el problema para toda la vida. Hay propuestas que apuntan a dar pan para hoy y hambre para mañana. ¡Cómo sufre nuestro querido hermano país, Venezuela! Formemos para el trabajo productivo, no para el desempleo. ¡Cómo me duele ver a cantidad de jóvenes recién egresados de la universidad sin trabajo! El mejor caldo de cultivo para llegar a los populismos de extrema derecha o extrema izquierda, es el hambre y la miseria de un pueblo. El estómago vacío carece de ideología, lo único que quiere es que sea llenado. Sigamos sembrando injusticia social y mañana padeceremos la más cruel tiranía. En los países en donde hay equidad social, la gente sale con la mayor tranquilidad del mundo, no conoce ni ve pillaje. El libro Santo nos dice que cuando las espadas se vuelvan arados y las espadas podaderas, llegará la prosperidad, llegará el Mesías, portador de la paz. La paz ha entrado en etapa inflacionaria, no hablemos más de paz; sembremos justicia y la paz llegará por añadidura. El trabajo productivo es el secreto de la paz. Cuidado con caer en una prosperidad sin espiritualidad. Lo solo material no llena, sin Dios el hombre camina hacia su propia tumba. Cuando no haya pobreza, habrá paz. Sin buenas vías, no habrá paz; sin atención prioritaria a la salud y a la educación, no habrá paz.
+ Froilán, obispo de Neiva
