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Opinión/ Creado el: 2018-04-30 01:16 - Última actualización: 2018-04-30 01:17

El engaño detrás del discurso populista

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 30 de 2018

Por Álvaro Hernán Prada

El populismo es la modalidad más común para venderle humo e ilusiones a los ciudadanos más necesitados, sabiendo que es imposible cumplir lo que se promete. Sí, como Gustavo Petro. El populista colombiano. Se ha aprovechado de las necesidades de sus seguidores para fomentar un odio de clases, basado en el absurdo de que, lo que ellos no tienen, es culpa de que otros tengan.

 

Esa es una de las principales falacias del discurso populista. Como dice la politóloga Gloria Álvarez, “el hecho de que una persona acumule riqueza, no le impide a otra acumularla”. Como buen comunista, el populista colombiano presiona las heridas de las personas, para anular su dignidad, haciéndose ver como un salvador al estilo: alguien que promete acabar con la riqueza de los empresarios, para supuestamente repartirla entre los pobres. ¡Qué gran mentira!

 

Por otro lado, ha dedicado su campaña presidencial a victimizarse. Es a través de esa estrategia y de hacerle creer a los votantes que son víctimas de la sociedad, como logra una plena identificación con él. Igual que en cualquier discurso populista de izquierda, vende la idea de hacer públicas las empresas que son generadoras de empleo, como Incauca, para mejorar las condiciones laborales y arrebatar los ingenios azucareros a sus dueños. Hace que el empleado vea al que le da trabajo para poder subsistir, como su enemigo y que lo odie por el simple hecho de ser el dueño del lugar.

 

Sin embargo, ese discurso ha sido llevado a la práctica en países como Venezuela. Hugo Chávez expropió empresas privadas y lejos de generar más empleo y de mayor calidad, las destruyó. Porque normalmente el líder populista no quiere quitarle la riqueza a otro para redistribuirla entre los más necesitados, sino entre sus amigos.

 

Un común denominador entre los populistas latinoamericanos, es la admiración por el régimen cubano. La multiplicación de la pobreza, que hace equitativamente precarios a todos los ciudadanos de la isla, es para ellos el verdadero concepto de igualdad. Prometen estudio gratis para todos, salud gratuita para todos y no le cuentan a su electorado que el dinero para que eso sea posible debe salir de algún fondo y que ese fondo no existe y, por lo tanto, llevar a cabo su propuesta es imposible.

 

Todos han sido enemigos de los generadores de empleo, del emprendimiento económico que saca adelante a un país. El sueño del populista es elegirse y una vez está en el poder, no dejarlo nunca hasta que haya cooptado todo el capital nacional y los ciudadanos no tengan otra opción de depender de las migajas que les dé el gobierno. Además, si el capitalismo que tanto choca al populista es tan malo y el comunismo tan bueno, ¿por qué Estado Unidos es potencia y Venezuela un país sumido en la miseria? Otro factor para reconocer el discurso.

 

Rasgos muy comunes del populismo, son el ataque a la industria petrolera, a la clase media y alta a quienes etiquetan como ‘oligarcas’, la promesa de la expropiación en el campo, los subsidios económicos y el asistencialismo del Estado como pilar principal

de la nación. Busca apocar las capacidades del individuo. En vez de impulsarlo a crear empresa, generar empleo e innovar, vende un ‘progresismo’ que en realidad es atraso, donde nadie deba esforzarse por nada, porque todo lo proporciona el tirano.

 

Despertemos de una vez y no caigamos en el juego de las propuestas imposibles que vende el populista autovictimizado. Colombia tiene la responsabilidad de verse en el espejo de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Y no condenarse a vivir lo mismo.


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