El efecto Duque
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
Una vez concluido el proceso electoral, con los resultados conocidos, donde triunfó la razón, nos hemos liberado de la espada de Damocles, aunque no del todo, pero si hemos tenido un descanso que termina con la construcción del nuevo gobierno.
Tranquiliza el triunfo, pero no deja de aumentar el compromiso con Colombia de sacarla adelante del estado de postración en que la ha dejado este gobierno, pero por fortuna, la confianza que generan las calidades personales y profesionales de la formula presidencial ganadora, son prenda de garantía para el desarrollo y el crecimiento de la Nacion en todos los órdenes.
El inminente retiro de Colombia de Unasur, la reforma tributaria para mejorar las condiciones de la inversión que garantice más y mejores empleos de calidad, la reforma a la justicia que no deja de dar tumbos en el mismo remolino de la corrupción, el mismo congreso que se debe autoreformar, y si no lo hace como ha sucedido, se debe acudir a instancias y mecanismos extraordinarios para ello, reforma al sistema electoral, cualificar el sistema de salud sacándolo de esos niveles de ineficiencia y corrupción en que se encuentra, calidad en la educación en todos los órdenes como garantía de procesos de desarrollo creíbles, en fin toda una cirugía.
Merece capítulo especial, la mal llamada paz, que es el ropaje para la corrupción, con su famosa JEP, que por fin se acude a la constitución política, para hacer respetar los procedimientos, después de haberla utilizado para trapear el Palacio de Nariño, las altas cortes, y el edificio del congreso (con minúsculas), que exige el pronunciamiento previo de la Corte Constitucional como lo señala la Carta para las leyes estatutarias, y que su omisión indica que es inexistente dicha ley estatutaria de la JEP.
Es imposible reglamentar una ley inexistente, no se necesita ser abogado para entenderlo, aunque muchos no lo entienden, se necesita elementales conocimientos, que muchos no los tienen, de lógica jurídica y más aún, lógica elemental, para entender que lo inexistente no es susceptible de reglamentar, y eso sucede en este caso.
Aplauso para el Senado de la Republica, que está demostrando así sea al final de la legislatura, que no van mas las propuestas indecentes de Santos, violatorias de la constitución y la ley, en aras de proteger con exceso de misericordia sus grandes aliados de las Farc. Podíamos llamarlo, el efecto Duque.
