El desgraciado Ejército
Por Carlos Andrés Pérez
Algunas entidades poderosas en Colombia se han creído dueñas de la vida de los ciudadanos. El extinto Das, por ejemplo, no solamente ganó fama por sus chuzadas, sino que llegó a secuestrar y desaparecer personas, con la ayuda de fuerzas paramilitares.
El Ejército no se le queda atrás. Fue cómplice con grupos de autodefensas en masacres y desplazamientos. Está suficientemente probado en sentencias judiciales (de justicia ordinaria, porque la Justicia Penal Militar ‘absuelve todo’), que muchos uniformados han incurrido en conductas no solo reprochables, sino criminales.
Pero esto no es suficiente. Los ‘falsos positivos’ han sido una vergüenza en su prontuario delictivo. La Fiscalía General de la Nación hace un par de años presentó un informe a la JEP, denominado “Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado”. En esta última jurisdicción fue denominado “Caso 003”, allí se da cuenta de cerca de 2.248 víctimas a manos del Ejército.
El Huila ocupa el desafortunado sexto puesto (5,2 %) de este tipo de violaciones a los derechos humanos. Se calcula que unas 116 víctimas se generaron en este departamento entre 1988 y 2014. En este informe se señala que un 45 % de las víctimas eran campesinos y un 30 % se dedicaban a actividades productivas informales en las ciudades.
En una investigación académica que estoy adelantando sobre este tema, he podido corroborar que judicialmente sólo en hechos registrados de 2001 a 2011, fecha en que nació la Ley de víctimas, se han registrado más de 60 asesinatos en el Huila, catalogados como ‘falsos positivos’
Durante 30 años el Ejército ha sido inferior a la mafia, pues el narcotráfico sigue presente en Colombia (negarlo es un absurdo). Los anillos de seguridad no han podido detener el expendio de droga. No tiene control. Primero un capo hizo hasta para vender: traficó, mató policías, burló la seguridad, infiltró la política, etc, hasta que los militares se percataron del gran negocio de la droga.
Por más de 60 años diversos grupos guerrilleros humillaron la población civil. El Ejército siempre fue inferior a la subversión, a tal punto que se tuvo que celebrar un proceso de paz, para llegar al fin de este flagelo. Por eso el discurso Uribista, que le cae muy bien al Ejercito, es decir que no hubo paz, que eso es un cuento de hadas; claro, esto lo repetirán mil veces para evitar la vergüenza probada de haber sido inferiores a sus enemigos guerrilleros.
¿Quieren que les refresque memoria? Cuando hicieron el último secuestro colectivo en el Huila (en el Gobierno de Uribe), el Ejército descubrió una verdad que hacía años todo el mundo sabía: que había un retén guerrillero en Río Negro, Íquira. ¡Pero el Ejército no sabía!
Ahora, a todo este prontuario desobligante, se suma el de la violación de una niña por más de cinco uniformados. Así lo nieguen, la Vicepresidencia buscó proteger a los militares, al igual que la Fiscalía. Así estamos.
No es la primera vez que violan, ni han sido los únicos. Lo preocupante del asunto es que quienes cometían este tipo de conductas eran delincuentes, guerrilleros o paramilitares, es decir, sujetos apartados abiertamente de la institucionalidad y la Ley, criminales puros. Sin embargo, algunos miserables del Ejército los igualaron en conductas punibles, haciendo alarde del poder oficial que le daban sus armas.
