El debate de las injurias
No era simple amenaza el anuncio que los principales líderes de la oposición hicieron a través de los medios que profusamente les promocionaron el debate contra el Ministro Carrasquilla, en el sentido que acorralarían al gobierno y propiciarían la caída del funcionario, pretendiendo cobrar así el primer trofeo en el escenario del Congreso.
Quienes presenciamos el desarrollo del debate y por lo tanto pudimos formarnos un juicio personal y directo, sin la influencia manipuladora de los medios, de las redes sociales o de terceros; sacaremos nuestras propias conclusiones objetivas e imparciales.
En mi caso, respetando la opinión de mis amables lectores, debo decir que era clara la estrategia dirigida a desestabilizar al gobierno, pretendiendo tumbar al Ministro, pues Carrasquilla es vital en el equipo de gobierno por su conocimiento y probada experiencia, cuando su gestión comienza por abordar el enorme hueco fiscal heredado del gobierno Santos, al punto que el presupuesto del 2019 tiene un faltante de 26 BILLONES de pesos.
Nadie puede desconocer el derecho de la oposición a ejercer el control político, pero el sesgo desestabilizador fue inocultable, al punto que no hubo evidencias contundentes sobre la presunta falta ética o de corrupción en la actuación del ministro hace 11 años, razón por la cual es válido afirmar que abundaron las injurias.
La intervención del Senador Robledo no sorprendió a nadie pues lo que profusamente había manifestado en los días anteriores se repitió sin variantes. Sus cargos en el sentido que el Ministro aprovecho su gestión para impulsar el acto legislativo que modificó el sistema de participaciones y la ley que permitió a las entidades territoriales la pignoración del 5.25% de tales ingresos para acceder al Plan Nacional de Aguas y de saneamiento básico; así como su posterior intervención como estructurador de los bonos que permitieron el acceso a los recursos financieros para la ejecución de las obras; fueron completamente refutados no solamente por el Ministro sino también por numerosos Senadores afines al gobierno e incluso pertenecientes a quienes se han declarado en independencia frente al ejecutivo.
A su vez la intervención del también Senador del Polo Alexander López fue tan irrelevante que se limitó a endilgar responsabilidades en temas completamente ajenos al que fuera objeto del debate, relacionándolas con el gobierno de Uribe, como una evidencia contundente de su contenido político.
En conclusión, anunciaron con bombos y platillos la pertinencia de una Moción de Censura que claramente no era posible desde el punto de vista constitucional, tal como quedó demostrado con creces a lo largo del debate. Fue tal la pobreza argumentativa y probatoria de los cargos endilgados que con razón y buen humor, un Senador lo sentenció diciendo que “ les había salido el tiro por la culata”.
Con lo ocurrido, es necesario y conveniente señalar que si es así como los opositores van a desarrollar su ejercicio democrático, apelando a la bajeza de las injurias y calumnias, nada bueno habrá de esperarse en el futuro. La política exige mínimos de decencia y de respeto por la dignidad y el honor de las personas, más aún cuando éstas están en orillas ideológicas distintas. Quienes se pavonean como adalides de la lucha anticorrupción flaco servicio le hacen al gran propósito nacional de erradicar este flagelo, apelando a conductas impropias y deshonestas que mancillan impunemente la honra y el buen nombre de sus contradictores.
Sensatez, responsabilidad, tolerancia y compromiso con los más caros intereses nacionales es lo que les exige la hora presente a los congresistas, aún a los de oposición, pues la enorme crisis fiscal, económica, social y ética que padecemos no se podrá superar con ridículos debates cargados de politiquería, oportunismo y demagogia.
