EL CRESPÚSCULO DE LOS DIOSES
Una de las obras del filósofo vitalista alemán, Federico Nietzsche, se llamó El crespúsculo de los dioses. Parece que en el fondo fue escrita para dar respuesta a un hondo dolor frente al exitoso operista y gran músico R. Wagner. Parece que tuvo un amor frustrado con la esposa de Wagner, Cósima. Bueno, pero para dónde va el tema. Aterrizo. Hay personas que suben con altivez, tales personas bajan con vergüenza. A veces es más fácil manejar los fracasos que controlar los triunfos. El poder endiosa: poder económico, político, social, académico, físico, deportista, religioso, etc. ¡Pobre hombre, tan grande y tan pequeño! El hombre es más frágil que un pétalo de rosa. La vida nos enseña que todo aquél que ha abusado del poder tiene un fin triste. Veamos algunos ejemplos. Napoleón, se creía más que un dios, terminó en la isla Santa Helena en la más cruel enfermedad y abandono en manos de los ingleses después de perder Waterloo. El cruel Enrique VIII murió en la más nefasta enfermedad, los cercanos huían de él, ante la hediondez de su cuerpo. Hay que estudiar la vida de los libidinosos emperadores romanos, ¿cuál fue el fin de muchos de ellos? Por favor, busquen el fin de la vida del tirano y cruel Stalin. Vean el fin del sanguinario y asesino Adolfo Hitler, todos le temían y murió como una piltrafa. Cada quien es víctima de su propio invento. ¿Y cómo terminó la vida del sanguinario Maximilien Robespierre? ¿A cuántos ajustició en la guillotina? Miles y miles. Vea usted, éste terminó siendo ejecutado en la guillotina. En general, los crueles y despiadados terminan en su propia ley; es paradoxal, a veces caen en las manos de los más tontos. Qué no decir de grandes cantantes y artistas. La agrupación The Beatles que se creyeron más importantes que Jesucristo, tuvieron un fin trágico. ¿En qué terminó la grandeza de Michael Jackson? Infortunadamente en el exceso de barbitúricos y anfetaminas. ¡Pobre hombre, fue víctima de tantos engaños! Y en la vida política del país, ¡qué no decir! Por favor, hay que saber manejar los triunfos. No olvidemos que todo es pasajero. Es más importante ser feliz que ser importante. Una conciencia tranquila disfruta del día a día sin tanto ruido y angustia. Con frecuencia los gritos son producto de los vacíos interiores. Hay gente que no se satisface con nada, no disfruta del día a día; por pensar en el futuro olvida vivir el presente. ¡Cuidado! La ambición rompe el saco, sea realista, hay gente que no disfruta lo que tiene por anhelar lo que no tiene. La avaricia es uno de los mayores tormentos de la vida. El avariento no da puntada sin dedal, se engaña y engaña a todo el mundo. Por favor, por más que tenga dinero no puede ir en dos coches a la vez. Sea agradecido y en primer lugar sea agradecido con Dios. Por favor tenga en cuenta esta sentencia: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma? Todo es vanidad de vanidades.
