El crecimiento económico antisocial, el narcotráfico y la corrupción
Son hoy los tres elementos perversos que constituyen un verdadero coctel molotov que está haciendo explotar a los pueblos de este lado del mundo y en muchas otras latitudes del planeta. Ese fenómeno se vive con violencia increíble en Chile, en Bolivia, en Perú, en Ecuador, al Norte en Méjico, en Europa en Francia, y tangencialmente en la Provincia de Cataluña al nororiente de España para hablar de unos pocos países cuya sociedad se cansó de tanta porquería y de que su clase dirigente no haya sido capaz dar una respuesta adecuada a los sectores mayoritarios que reclaman justica social. La protesta en nuestro país no se hizo esperar, lo hemos sentido en las últimas semanas.
Los crecimientos económicos pueden ser halagüeños en cifras económicas pero si ese crecimiento no va orientado a resolver los problemas de los más necesitados, de los jóvenes de clase media, de las mujeres trabajadoras, de los obreros asalariados, y en general del bienestar de sus familias, sino que se queda a mitad de camino en los bolsillos de los banqueros, del sector financiero, de los grandes conglomerados del sector empresarial y no se irriga a los pueblos en educación, en empleo, en salarios decentes y en verdaderas oportunidades de desarrollo para las mayor parte de la ciudadanía , ese crecimiento económico es una patraña que lleva al descontento social y produce los estallidos o protestas que muchas veces se desbordan y luego no hay como contener su furia.
Paradójicamente el crecimiento económico antisocial no disminuye la brecha entre ricos y pobres, sino que la está ampliando colosalmente porque ese crecimiento se queda exclusivamente en el club de los ricos. Quienes acumulan mayores riquezas como resultado de ese “crecimiento económico antisocial” son una minoría de empresas que no revierten sus utilidades en apoyar un desarrollo social sostenible.
Este fenómeno unido a la corrupción, finalmente, es una verdadera epidemia social que ha invadido todas las esferas de los Estados democráticos. Se han adueñado de los gobiernos y de los presupuestos, y a muchos de los responsables de administrar los intereses del común les importa un pepino que se conozca que están robando, pues esos clanes mafiosos de manera silenciosa igualmente se toman las entidades de control y saben que pueden delinquir porque al final nada les pasa. Son núcleos pequeños pero muy organizados en empresas familiares electorales en donde todos sus miembros juegan un papel importante. El modelo económico imperante debe cumplir una función social, de lo contrario será un modelo especulativo y desigual que se constituye en un desafío para la clase emergente y esperanzada de ver resueltas sus necesidades elementales.
La corrupción es una pandemia que hace metástasis a diario en la vida de una nación pues mediante el robo de los dineros del pueblo elimina toda posibilidad de desarrollo y somete a la población al imperio de las mafias dominantes enquistadas dentro de la administración pública. Llego la hora de actuar con decisión. O erradicamos esas enfermedades que afecta en grado superlativo la vida de los pueblos o seremos victimas de su acción devastadora. Tenemos la esperanza de que con los nuevos administradores, Gobernador y alcaldes elegidos, se note la diferencia.
