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Opinión/ Creado el: 2019-12-05 02:20

El crecimiento económico “antisocial”

Escrito por: Julio Bahamón Vanegas
 | diciembre 05 de 2019

Hace quince días escribí en mi columna habitual, en este importante diario de los Huilenses, un tema relacionado con el crecimiento económico al que yo llamo antisocial. Este desarrollo anómalo ocurre cuando no está orientado a la solución, en buena parte, de los problemas que aquejan a las comunidades carentes de los más elementales servicios del Estado, quedándose la riqueza en el sector financiero y en los activos de los grupos empresariales que se ven favorecidos con el aumento, ya que de poco la sirve al grueso de nuestra ciudadanía que el crecimiento sea macrocéfalo porque lo que se piensa es que no es bueno una riqueza al estilo “Rico Epulón y el Pobre Lázaro”, en el cual los de abajo solo reciban migajas del poder económico representado en esos sectores financieros y en los grandes conglomerados económicos del país. Si bien es cierto que en las cifras macroeconómicas se ve que el “país crece” en porcentajes mayores al promedio de los vecinos y amigos latinoamericanos y de algunos países europeos, lo que se necesita saber es hacia donde está creciendo nuestra economía y de qué manera está favoreciendo, si, o no, al grueso de nuestra sociedad.

Me confieso un ignorante en materia económica pero cuando leo las noticias de las enormes utilidades que obtiene, cada seis o nueve meses, el sector financiero, con 17 billones de pesos,  de los cuales los bancos recibieron utilidades por 10 billones de pesos, la industria aseguradora  2 billones de pesos, las utilidades que lograron las administradoras de pensiones de 0,94 billones de pesos teniendo en cuenta que en Colombia el número de pensionados no supera los 2 millones de beneficiados, los grupos que intervienen el mercado de valores con 1 billones de pesos,  los grandes contratistas del estado con 2 billones de pesos, hoy vinculados de alguna forma al sector financiero, léase grupo Aval, los bancos de segundo piso del Estado, Findeter, Finagro, Fogafin, Bancoldex e Icetex con más de 3 billones de pesos, sin que me considere enemigo de la bonanza económica, me desoriento bastante,  porque el crecimiento que yo observo se va a esos grupos privilegiados y poco o nada a la solución de los reclamos que han provocado las ultimas protestas sociales en nuestro país.

De otro lado, me ocupo por conocer lo que están pensando los determinadores de esta debacle institucional, otrora ministros del gobierno Santos, que se encargan de opinar sobre lo divino y lo humano, mirando la paja en el ojo ajeno sin darse cuenta de la viga que los está encegueciendo. Es el caso del  exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas Santamaria.

Este señor escribe con alguna frecuencia en el diario El Tiempo y aprovecha cualquier malestar que afecta al actual gobierno para salir a pontificar sobre los que se debe hacer, y que él paradójicamente no fue capaz de hacer en los ocho años que ejerció como ministro de hacienda del gobierno de Juan Manuel Santos, escritos que me producen risa y rabia. Risa por lo cínico, y rabia por lo que debió haber hecho y no lo hizo.  

Dice el exministro Cárdenas en su columna del sábado anterior que “la percepción de la ciudadanía sobre su situación personal está relacionada con la efectividad del gobierno, la calidad de la regulación y el control de la corrupción. Nos confiesa que la corrupción en Colombia esta generalizada y que el 85% de los colombianos así lo creen”. Pregunto: ¿Qué hizo entonces el señor Cárdenas para combatirla? Y le respondo: el actual gobierno de Iván Duque colocó siempre el tema de la corrupción en el primer punto del orden del día de su programa de gobierno y en consecuencia ha actuado, y ahora ratificó, ante el descontento social, su compromiso de combatir a los corruptos, por lo que, el grave asunto hace parte de los acuerdos de la mesa social, y sobre el cual nada se puede avanzar sin determinar, el cómo y cuándo la debemos erradicar para siempre. Al igual que al flagelo de los narcos cultivos que con largueza toleró el anterior gobierno hasta llegar a las más de 220.000 hectáreas de coca sembrada.

Esos dos males endémicos se han convertido en el combustible que hace aflorar el descontento y la protesta social, porque lo que no se alcanzaron a robar, se lo fumaron.  El dinero lo despilfarraron, y hoy el Presidente Duque está tratando de cuadrar las finanzas del estado, porque con lo poco que quedó no alcanza para resolver las demandas de los colombianos más necesitados.