El cinismo en la conciencia moral
Decía el papa Pio XII en un radiomensaje de navidad por allá por la década del cincuenta que, el mayor pecado del hombre moderno es haber perdido la conciencia del pecado. Esta realidad sociológica sí que la veo a granel y con creces. Se va imponiendo en el colectivo social, infortunadamente, la ley del más fuerte, se admira al que no se dejó pillar. El robo se ve como una viveza; se admira la sagacidad criolla. Muchos venden fácilmente su conciencia por un suculento plato de lentejas; la avaricia no mide las consecuencias, ni personales, ni sociales. Además, acudamos al libro Santo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma?”. ¡Qué horror!, ver a personas que se presentan como adalides de la honestidad y cuando tienen el poder, tienen una creatividad impredecible para lograr todos los torcidos, su ambición resulta insaciable. Los robos van en proporción geométrica. Tienen el descaro de abanderar causas en favor de la honestidad y no raras veces, enarbolan propuestas políticas que proponen cambiar el país y cambiar las viejas maquinarias marcadas por el despilfarro, el clientelismo y las permanentes mordidas. ¡Qué ilusos que son los electores! Un pueblo con hambre vota por el que le ofrezca el oro y el moro.
¡Qué puros son esos nuevos mesías, salvadores de la humanidad!, ¡cuantos se tragan el anzuelo!; -claro, con el estómago vacío cualquier propuesta es halagüeña-. ¡Cómo se emplea a los pobres para defender causas y banderas políticas! Esos “mesías” que se “han jugado la vida por el pueblo”, son mañana, en llegando al poder, los más crueles tiranos. Hoy le hablan al pueblo, mañana piensan por el pueblo. Invito al lector a ser muy audaz, muy crítico frente a causas y propuestas. Amigo lector, tenga cuidado, todo lo que brilla no es oro. ¿Cuál es la garantía de honestidad de una persona? Su conducta, esta es la mayor garantía de pulcritud. Recuerde que hay personas que se parecen a los encantadores de serpientes de la India, tienen unas habilidades inimaginables para convencer a los incautos y de estos sí que hay en el mundo.
Decían los latinos: “Stultorum infinitus est numerus” = Es infinito el número de tontos. Bueno hay tantos electores corruptos que votan por el corrupto para que algo les toque de la torta robada. Así que, corrupto con corrupto se lame el pico. Hace falta en nuestra gente más sentido crítico, claro, crítica razonable, no la marcada por el resentimiento y la pérdida en unas elecciones. Por favor, la crítica marcada por un análisis razonable y marcado por la búsqueda de la verdad. Aristóteles hablando de su maestro Platón, a quien le aprendió mucho, afirmó: “Yo amo mucho a Platón pero amo más la verdad”. ¡Qué buena lección?, ¿verdad? Por favor, diferencie entre solidaridad y complicidad. Aquélla está marcada por el bien, ésta por el delito. Pero claro, cuando se ha perdido la conciencia del pecado, se tiene el cinismo de enarbolar causas y propuestas sociales que encierran ollas podridas envueltas en lujosos papeles de regalo, veneno envuelto en chocolate.
