El caso Santrich
La captura del exnegociador de las Farc conocido con el alias de Jesús Santrich, ha generado enorme revuelo y preocupación por la suerte de la fase de implementación y del acuerdo mismo de paz. Y no es para menos, dado que se trata de un miembro destacado de la cúpula del movimiento guerrillero hoy convertido en congresista, precisamente en virtud de los acuerdos.
Los colombianos recordamos ahora su famosa frase del “ quizás … quizás “, de su burlesca respuesta en relación con la pregunta de si estarían dispuestos a pedir perdón por los numerosos crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto.
Ahora que ha sido capturado, con soporte al parecer, en contundente material probatorio recogido por las autoridades norteamericanas encargadas de la lucha antidrogas; por conspirar para enviar 10 toneladas de cocaína a los Estados Unidos a través del cartel mexicano de Sinaloa; queda en plena evidencia que la actividad del narcotráfico era para esa organización, el gran negocio que soportaba su aparente lucha insurgente.
Así mismo, el lamentable episodio sirve para demostrar que uno de los principales errores cometidos por el gobierno Santos al suscribir el AF fue el de aceptar; con el aval jurídico de la Corte Suprema dirigida por el famoso doctor Bustos; del exfiscal Montealegre y de algunos miembros de la Corte Constitucional; el absurdo criterio de que el narcotráfico es un delito conexo con el de rebelión, pues en la práctica ello condujo a que se blindaran frente a la extradición.
Dicha errada decisión que constituyó a su vez una concesión inaceptable en relación con los esenciales valores éticos y morales de una sana sociedad; condujo a que la extensión de las áreas cultivadas pasara de 60 mil a 180 mil hectáreas, precisamente durante el último año y medio de duración de los diálogos en la Habana; incremento generado por la suspensión de la aspersión aérea; por el estímulo de la erradicación voluntaria y no obligatoria; por la atracción hacia el negocio de las disidencias y bandas criminales que se multiplicaron en las áreas despejadas por la desmovilización; ocasionando
enormes problemas sociales y de seguridad en extensas zonas geográficas como la costa pacífica nariñense y caucana; el catatumbo en Norte de Santander; y en la zona de frontera con Venezuela en Guaviare, Guanía y Vichada.
Hoy es imposible desconocer que el narcotráfico es el combustible de la violencia y de la inseguridad; el soporte del microtráfico en las áreas urbanas que está envenenando a nuestros niños y jóvenes; pero sobre todo generando una enorme cultura de violencia y corrupción.
Estos hechos y circunstancias permiten establecer que tiene razón el candidato Duque al proponer modificaciones y ajustes a algunos temas del AF, entre ellos el de la conexidad aquí mencionada, pues está de por medio la estabilidad social e institucional de la Nación.
Lo ocurrido con Santrich abrió la discusión acerca de la competencia de la JEP para intervenir en el juzgamiento del delito, pues las Farc insisten en que la Sala de Revisión de ésa jurisdicción especial puede valorar el material probatorio y hasta desvirtuarlo; mientras que la Fiscalía y otras instancias del Estado Colombiano como la Procuraduría, han precisado que tal competencia se reduce a establecer o verificar que el delito fue cometido después de la fecha de la firma del AF de paz, con lo cual, sin duda alguna procede el trámite para la extradición.
Por lo sucedido se han encendido las alarmas acerca de la estabilidad del Acuerdo. Para muchos colombianos, sin embargo, ese burlesco quizás ..quizás constituye el castigo providencial a tanta arrogancia, característica de los farianos, la cual es contraria a la virtud de la humildad.
