El Bolívar que no fue
Por Fernando Bermúdez Ardila
Me recomendaron innumerables de mis amigos que viera en Netflix la serie que estaba transmitiendo sobre la vida y obra del libertador llamada BOLIVAR, creí que por primera vez se hablaría de la verdadera semblanza de Simón Bolívar. Supuse que se trataba de una serie histórica, seria, sin esguinces, ni aplomos, qué nos narraría los hechos tal y como fueron, que nos extraería del entumecimiento y embrutecimiento que nos han inducido por más de 200 años y nos han vendido hasta el día de hoy como el padre de seis naciones incluida Panamá. Mi decepción fue mayúscula, después de los primeros tres capítulos decidí dejar de verla.
Para hablar de la emancipación de Hispanoamérica es obligado, necesario y justo hablar del americano universal, el hombre más grande que dio el nuevo mundo; Francisco José Miranda. En su mente estaba la creación de un solo estado desde el Mississippi hasta la Patagonia, para ello fundó en Cádiz la orden de los Caballeros Pensantes, hermandad apéndice de la francmasonería, a la cual pertenecieron Simón Bolívar, José de San Martín, Antonio Nariño, O’Higgins, Francisco de Paula Santander entre otros, todos próceres de la independencia. Se creó entonces una constitución, una bandera bajo el nombre de Colombia, a orden fue disuelta y creada en América con el nombre de la logia Lautaro en honor a un cacique de las tierras del sur que hizo frente a la colonización española.
El general Miranda había participado activamente en la Independencia de Estados Unidos de América, la revolución francesa al lado de Napoleón Bonaparte, estuvo al servicio de Rusia y consiguió las promesas de ayuda de Catalina II de Rusia, William Pit el joven primer ministro de Gran Bretaña y Thomas Jefferson, incluso su nombre está escrito en el Arco de Triunfo de París.
Miranda había sido amigo de Juan Vicente Bolívar, padre de Simón Bolívar, así que cuando lo conoció lo acogió con el cariño de padre, lejos estaba de pensar que el joven que acababa de conocer sería en el futuro su verdugo y desgracia.
Después de una derrota militar, Miranda autorizado por el Consejo de Estado para adelantar un armisticio o capitulaciones, inicia conversaciones con el comandante de las fuerzas realistas el general Monteverde en San Mateo, circunstancia aprovechada por los enemigos para acusarlo de traición, y chivo expiatorio tratar de opacar su vida y gloria.
A las cuatro de la mañana del 31 de julio de 1812, fecha conocida como “la madrugada triste”, es detenido el generalísimo Francisco José Miranda en la habitación donde dormía en la Guaira por Bolívar y sus compinches. Tras su captura, Miranda pronuncia las palabras célebres; “bochinche bochinche, esta gente no sabe hacer sino bochinche”, acto seguido es sacado de su habitación y entregado al general español Juan Domingo Monteverde, después de ser paseado por cuatro prisiones llega a España donde es confinado en las mazmorras de Cádiz, allí fallece el 14 de julio de 1816 a la edad de 66 años.
Fueron muchos los traicionados y asesinados por orden del dictador Bolivar, pero podemos hacer mención de dos generales ilustres y queridos por su pueblo; José María Córdoba y José Francisco Bermúdez de Castro.
Ordenó perseguir, combatir y asesinar al joven general José María Córdoba que no estaba de acuerdo con su forma de proceder.
Después de la independencia, sucede el extraño y misterioso asesinato de general José Francisco Bermúdez de Castro, comandante en jefe de los ejércitos libertadores de Venezuela, personaje que jamás comulgó con los intereses de Bolívar.
Pero vamos al mayor GENOCIDIO ordenado por Bolívar en contra de nuestro mismo pueblo. Iniciada la guerra de independencia, desde Bogotá se ordenó una alta carga impositiva al pueblo Pastuso, estos consideraron exorbitantes e injustos estos tributos pues eran superiores a los que cobraba la corona española y la que había recibido buen trato y “quien dijo Furia “
Ante la reacción del pueblo del sur, el libertador emprende una campaña de exterminio total, los pastosos quienes se ven obligados a tomar partido y deciden acompañar el ejército realista Jurando lealtad al rey Fernando VII.
Destaca el dato Agustín Agualongo, un indígena y dicen era cacique de un pueblo, disgustado por las injusticias del libertador, se enlistó como soldado raso en el ejército realista llegando a alcanzar el grado de brigadier General.
En repetidas ocasiones Pasto fue atacada y saqueada por el ejército patriota, dejando cientos de muertos y heridos entre mujeres ancianos y niños e imponiendo reclutar los hombres para enlistarlos en sus filas.
El bravo pueblo pastuso resistía una y otra vez los ataques de sus enemigos al mando del general Agustín Agualongo, pero fue el 24 de diciembre de 1822 cuando el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, por órdenes directas de Simón Bolívar entró a la ciudad arrasando con todo lo que encontraba, esta fecha es recordaba por los pastusos como “La Navidad Triste”
En una de sus derrotas, un rico hacendado de Tuquerres que simpatizaba con la causa independentista, ofreció una fiesta de desagravio al libertador, y mientras los invitados bailaban al sonar de la música Bolívar lo hacía con la bella hija del anfitrión, acostumbrado hacer propuestas indecentes a las damas no dudó en hacerlo con la joven,
Esta también sin dudarlo le propinó una sonora bofetada que silencio la música y a todos los que se hallaban en la fiesta, “No se confunda libertador - yo soy patriota, no puta –”, fueron las palabras de la joven. Todos veían en silencio la vergonzante conducta del verdadero Bolívar
Después de la independencia el bravo pueblo pastuso se opuso a rendir honores a quien había sido su verdugo, por ello en Pasto en la plaza Mayor hay una escultura en honor a Nariño.
Puedo decir sin dudarlo, que los opitas tampoco saben por qué no hay una plaza de Bolívar en Neiva y si una del General Santander, la historia la escriben quienes ganan la guerra, son algunos de los secretos de una historia mal contada!
