Opinión/ Creado el: 2018-11-03 02:29
El auge de las grandes superficies en la sociedad de consumo.
Todos hablamos de la sociedad de consumo que nos está consumiendo paulatinamente. Todos somos parte de ese consumismo, casi que inconscientemente. O tal vez, con mucha consciencia. Y lo más grave, que la exigimos así no sea necesario, que nos gusta, nos gusta este consumismo.
Esta situación ha representado una serie de problemáticas que se entremezclan cada vez más, dentro de un panorama de luchas por el sustento diario, la salud, la educación, pero sobre todo, por un espacio dónde vivir, por un territorio, por un límite de fronteras dónde habitar. En esta transición ellos han entendido, que ya en ese nuevo mundo urbano, la lucha no es por el empleo, sino por la sobrevivencia, una sobrevivencia que implica, si es preciso, la delincuencia a todo costo, avalada por un Sálvese quien pueda.
Por eso, casi simultáneamente, emerge otro sector en el lado opuesto de la balanza que riñe por el poder, por el dominio, basado en la masificación de un desarrollo tecnológico y en el despertar de una sociedad de consumo que vibra con lo moderno pero que al tiempo continúa ignorando valores perennes como la solidaridad, la diferencia, los valores y la sensibilidad social.
Como se puede apreciar, cada vez más se evidencia la llegada de nuevos objetos urbanos como Hipermercados, Shopping Centers, cadenas de almacenes, tiendas de diversas índoles y marcas, y hasta centros de ocio como bares y modernos casinos. Son fenómenos que muestran un cierto predominio de la fluidez sobre el lugar, de una geografía de los flujos sobre una geografía de los lugares; de una geografía de lo dinámico sobre una geografía de lo estático. Es decir, dos polos de poblaciones luchando por la posesión y dominio de un espacio desde la perspectiva y evidente relación economía-territorio.
Es decir, toman fuerza nuevas formas de territorialidad emergente. Son nuevas formas de dominio, los llamados territorios-red como los derechos de archipiélagos de un país; como la contienda que perdió Colombia con Nicaragua hace como tres años. Emerge, entonces, con fuerza el dominio por ese tipo de territorios debido a que allí están implicados unos intereses económicos y políticos que rebasan los intereses de un país.
Y no hay que ignorar que se avecinan megaproyectos de rectificación física, de construcción de infraestructuras de circulación a alta velocidad, como autopistas o ferrocarriles modernos. Pues es claro que la territorialidad física se basa en la producción de bienes destinados a la producción de capital y al consumo, lo cual se vincula más con la esfera de la reproducción.
En estos lugares y no lugares, y de acuerdo con la relación economía-territorio, el desarrollo en este sentido va a pasar por la densidad y por la calidad de los contenidos territoriales. No cualquier proyecto territorial va a tener preeminencia y lograr el éxito. Sólo los que lleguen a óptimos niveles de calidad podrán alcanzar las metas fijadas, pues la tierra seguirá siendo un propósito ineludible en todas las dimensiones de progreso, dada la relación economía y territorio.
Y la cultura del consumo desmedido seguirá tragándose, cada vez más, a los ciudadanos del mundo moderno.
Por eso, dentro de los planes de las ciudades emergentes, como Neiva, se incluye la “visita” a estas grandes superficies, que exprimen el bolsillo de los huilenses, y se llevan las utilidades a otros lugares. Los pormenores de una globalización sin precedentes.
Esta situación ha representado una serie de problemáticas que se entremezclan cada vez más, dentro de un panorama de luchas por el sustento diario, la salud, la educación, pero sobre todo, por un espacio dónde vivir, por un territorio, por un límite de fronteras dónde habitar. En esta transición ellos han entendido, que ya en ese nuevo mundo urbano, la lucha no es por el empleo, sino por la sobrevivencia, una sobrevivencia que implica, si es preciso, la delincuencia a todo costo, avalada por un Sálvese quien pueda.
Por eso, casi simultáneamente, emerge otro sector en el lado opuesto de la balanza que riñe por el poder, por el dominio, basado en la masificación de un desarrollo tecnológico y en el despertar de una sociedad de consumo que vibra con lo moderno pero que al tiempo continúa ignorando valores perennes como la solidaridad, la diferencia, los valores y la sensibilidad social.
Como se puede apreciar, cada vez más se evidencia la llegada de nuevos objetos urbanos como Hipermercados, Shopping Centers, cadenas de almacenes, tiendas de diversas índoles y marcas, y hasta centros de ocio como bares y modernos casinos. Son fenómenos que muestran un cierto predominio de la fluidez sobre el lugar, de una geografía de los flujos sobre una geografía de los lugares; de una geografía de lo dinámico sobre una geografía de lo estático. Es decir, dos polos de poblaciones luchando por la posesión y dominio de un espacio desde la perspectiva y evidente relación economía-territorio.
Es decir, toman fuerza nuevas formas de territorialidad emergente. Son nuevas formas de dominio, los llamados territorios-red como los derechos de archipiélagos de un país; como la contienda que perdió Colombia con Nicaragua hace como tres años. Emerge, entonces, con fuerza el dominio por ese tipo de territorios debido a que allí están implicados unos intereses económicos y políticos que rebasan los intereses de un país.
Y no hay que ignorar que se avecinan megaproyectos de rectificación física, de construcción de infraestructuras de circulación a alta velocidad, como autopistas o ferrocarriles modernos. Pues es claro que la territorialidad física se basa en la producción de bienes destinados a la producción de capital y al consumo, lo cual se vincula más con la esfera de la reproducción.
En estos lugares y no lugares, y de acuerdo con la relación economía-territorio, el desarrollo en este sentido va a pasar por la densidad y por la calidad de los contenidos territoriales. No cualquier proyecto territorial va a tener preeminencia y lograr el éxito. Sólo los que lleguen a óptimos niveles de calidad podrán alcanzar las metas fijadas, pues la tierra seguirá siendo un propósito ineludible en todas las dimensiones de progreso, dada la relación economía y territorio.
Y la cultura del consumo desmedido seguirá tragándose, cada vez más, a los ciudadanos del mundo moderno.
Por eso, dentro de los planes de las ciudades emergentes, como Neiva, se incluye la “visita” a estas grandes superficies, que exprimen el bolsillo de los huilenses, y se llevan las utilidades a otros lugares. Los pormenores de una globalización sin precedentes.
