El antipático Senador Lara
Por Mauricio Sánchez Córdoba
El filósofo británico Bretrand Russell reinvindicó la idea de que “los juicios morales expresan deseos individuales o hábitos aceptados”.
Para lograr entender el gamberrismo político al que hoy es sometido el senador Lara Restrepo, por su desafortunada tibieza al tachar de “nimiedad” la corrupción, (affaire Van Camps), sólo se me ocurren estas dos razones expuestas por este filósofo.
El problema de las divulgaciones en redes, es que se propagan de manera muy rápida y no tomamos el tiempo para analizar aquello que se escribe o reenviamos.
El Senador, en su mensaje, mal explicado, y sobre todo, mal interpretado, tenía como fin lo que describe esta frase proverbial, ‘que los arboles no te impidan ver el bosque’
A Lara Restrepo le conocí en fotografías de pequeño acompañando el féretro de su padre el Ministro Lara Bonilla, cuyo dramático final es historia de todos conocida.
Tuve la ocasión de reencontrarme personalmente con él en el año 95 del pasado siglo XX en Paris, donde cursaba mis estudios en Ciencias Políticas. Allí compartimos junto con su bella madre, una invitación a sobrevolar las afueras de Noisy le Grand en avioneta. Para esa época era aún aquel joven estudiante de derecho inquieto, impetuoso, inteligente e… imprudente, (en el argot castizo, un “bocachancla”).
Recuerdo como anécdota que refuerza mi argumento de esto último, cuando a la pregunta sobre qué pensaba acerca del presidente Samper y su proceso 8000, se apresuró a responder: “¿Me pregunta por ese sinvergüenza?”.
Su respuesta no fue precipitada en sí, porque, al final, este juicio moral en su apreciación, era un sentimiento colectivo que envolvía a muchos de los colombianos de aquella época, ratificando así la idea de Rusell, de que “los juicios morales expresan deseos individuales o hábitos aceptados”.
La imprudencia del entonces estudiante Lara, radica en que olvidó que ese “sinvergüenza” era el jefe de su madre, Cónsul en París en aquel momento. Imprudente, irreverente y, anoto yo, antipático, (excusable por su juventud).
Al grano. El Senador Lara Restrepo no es precisamente en lo personal el reflejo de su padre. El Ministro de Justicia, era un hombre desenfadado y carismático.
Pero de esto a sentenciar de forma categórica que su hijo es un defensor de la corrupción, es cuanto menos temerario. Es además desconocer de forma deliberada que su pasado está curtido por el magnicidio de quien sacrificó su vida por defender la honradez.
Aquéllos “idiotas útiles”, como llamó en su momento Doña Berta de Ospina a algunos políticos, dan oxígeno a los mediocres politiqueros de oficio, camuflando la anarquía y corrupción que se esconde “en el bosque, no en el árbol”.
La granujería y miseria moral vertida en las “redes de postureo” por esta pandilla de progres farsantes, no puede ser recompensada con el silencio. Este club cursi goza de unos medios de comunicación laxos e incontrolados, con una excesiva complicidad y divulgación de la tiranía del amiguismo.
Lara Restrepo es un entusiasta apasionado de la política, estudioso de ella, curtido en el dolor pero sin resentimientos, y heredero por derecho propio a un lugar en la historia de nuestro país. Opita de pura raza, de padres, tíos y abuelos de sangre huilense, como los Presidentes Pastrana y Azuero Manchola.
Y, aunque no sea el hipócrita dicharachero y populista político de barrio, que sonríe y toma guarapo en las esquinas, es tal vez uno de los pocos y más preparados estadistas con los que hoy cuenta Colombia. Pero esto no basta, a los colombianos no nos satisface nadie, de ninguna ideología, de ningún color político. Somos adictos a la crítica banal.
Concluyo. Lara es, junto a los Galán, testigo de la honradez que mamó en su entorno familiar, débil cordón umbilical entre este presente turbio y aquel pasado lejano donde la ética y la dignidad se pagaban inclusive con la vida.
Hegel decía, “La verdad es la reconciliación entre lo general y lo particular”, pero eso hoy día es más difícil de entender…
