Educación para la frustración
Aún en la época en la que vivimos, tan abierta a la tecnología y a la diversidad de nuevas ideas y convicciones en todo tipo de ámbitos, seguimos ‘arrojando’ a la sociedad a personas que no están preparadas para afrontar con entereza las diversas situaciones cotidianas.
Y me refiero a “arrojar” ya que el carácter estandarizado del sistema educativo, que raya en lo inhumano, no se preocupa por explotar al máximo el potencial de cada persona si no en calificar y clasificar inteligencias e instituciones según criterios arcaicos, desentendiéndose del objetivo fundamental de la educación: formar personas íntegras, con la capacidad de reconocer sus debilidades y canalizar sus habilidades para su realización personal.
De la mano de la Universidad de Harvard, el psicólogo e investigador Howard Gardner planteó la ‘Teoría de las Inteligencias Múltiples’ bajo la cual definió ocho tipos de inteligencia que definen al ser humano. A través de esta teoría, Gardner desvirtúa las bases del sistema educativo tradicional, pues este está cimentado sobre la idea que la matemática es la única y más importante inteligencia sobre la cual debe formarse al ser humano. Gracias a este error se desaprovechan otro tipo de inteligencias y un gran número de personas crecen en la frustración de ser educados bajo un sistema que reprime y menosprecia sus habilidades.
El cuestionamiento sobre la efectividad del sistema educativo es muy reciente, sin embargo las secuelas de su mal funcionamiento han sido evidentes siempre. En mi caso, puedo decir que el colegio para mí fue tan feliz como torturador. Por un lado, disfruté inmensamente mis clases de arte y teatro así como las humanidades, e hice muchos amigos. Por el otro, tengo el recuerdo de haber sido ‘negada’ para las matemáticas y las ciencias ‘ganándome’ la desaprobación de mis profesoras desde primaria hasta bachillerato, de haber tenido que pasar parte de mis vacaciones ‘salvando’ el año, sacrificar mi permanencia en el equipo de fútbol para ‘concentrarme’ en estudiar, pasar mis tardes recibiendo clases extra para ‘intentar entender’ los temas de la clase e incluso perderme los recreos en tercero de primaria por ser ‘incapaz’ de resolver los problemas de matemáticas que nos dejaba ‘Magnolia’ la profesora que hacía que la temida Tronchatoro de la película ‘Matilda’ fuera un ángel comparada con ella.
En medio de todo, a mi me fue bien porque descubrí en la universidad que existen más ‘bichos raros’ que como yo somos artistas y creativos, pudiendo ganarnos la vida haciendo lo que nos apasiona. Sin embargo, así como muchos logramos dejar la vida académica atrás como una experiencia más de la vida, otros llevan la frustración a niveles que les producen enfermedades generadas por estrés, o incluso la muerte.
En el caso de la hija de 15 años de Jürgen Klarik (estadounidense experto en neuromarketing, creador del documental “Un Crimen Llamado Educación”) ella fue diagnosticada con “estrés escolar” tras padecer dolores gástricos severos. Después de esta experiencia, Klarik retiró a su hija del colegio y se dedicó a investigar acerca de las falencias del sistema educativo, consultando un gran número de expertos en el tema, entre esos Antanas Mockus y Rodolfo Llinás, para concluir que efectivamente nuestro sistema educativo es exitoso frustrando las mentes creativas, musicales, entre otras y entregándole a la sociedad personas que no tienen conocimientos ni herramientas para desenvolverse exitosamente en su contexto, ni relacionarse asertivamente consigo mismos o con los demás. Y es que la felicidad y la plena satisfacción de cada individuo, están directamente relacionados con la productividad. Ahí está la clave del cambio.
