viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-09-18 03:02

Durmiendo con el enemigo

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | septiembre 18 de 2019

La noticia no pasó desapercibida, pero tampoco tuvo el cubrimiento mediático que se acostumbra cuando se llevan a cabo capturas de políticos o personalidades de la farándula.

Aun así, las capturas realizadas la semana pasada a miembros del CTI de la Fiscalía representan dos caras de la moneda en un país donde campea el hampa y la corrupción. 

Para aquellos que desconocen qué es el CTI, este es el cuerpo técnico de investigación de la fiscalía general de la Nación, cuya labor principal es hacer las veces de policía judicial, y como su nombre lo sugiere, investigar, recopilar y obtener elementos probatorios. Así mismo, se encargan de llevar a cabo las capturas de los presuntos responsables de hechos punibles y ponerles de presente los derechos del capturado.

Paradójicamente, la semana pasada, aquellos que usualmente les toca decir “tiene derecho a guardar silencio, a contar con un abogado, a realizar una llamada, etc.” tuvieron que escuchar cuando sus colegas les decían estas palabras.

Los capturados además de ser parte de dicha entidad, tenían cargos importantes dentro de la Institución, y fue tal vez dicha posición, las prerrogativas y la autonomía que pueden llegar a alcanzarse, que terminó muy seguramente por llevarlos a la ambiciosa, pero al mismo tiempo irracional decisión de delinquir.

Por un lado, resulta preocupante que un órgano encargado de aprehender a los delincuentes y de reunir pruebas en su contra, termine infiltrado por delincuentes. Claro está, que este tipo de situaciones contradictorias ya se habían visto dentro de la Fiscalía General de la Nación, cuando estalló el caso del Exfiscal Moreno, quien ostentaba el cargo de Fiscal anticorrupción, y terminó salpicado en uno de los escándalos de corrupción del más alto nivel en nuestro país como lo fue (y aún no termina), el Cartel de la Toga. Este tipo de situaciones generan gran desconcierto dentro de la sociedad, precisamente porque resultamos observando con horror como el poder y el afán por lucrarse terminan, desnaturalizando un cargo a tal punto que resulta siendo todo por lo que ellos luchan en contra.

Sin embargo, no todo puede ser negativo, incluso se puede hacer una lectura alentadora. En primer lugar, reconocer la labor de la Fiscalía que está en la capacidad de autorregularse y sobre todo de auto depurarse. No es fácil reconocer las falencias internas, aun así, se envía un mensaje de cero tolerancia contra aquellos que osen delinquir dentro de la institucionalidad.

Claro, algunos dirán, si la Fiscalía no es capaz de capturar a quienes delinquen dentro de la misma institución, entonces simplemente como dirían coloquialmente “apague y vámonos”.

Lo único cierto es que este debe ser el común denominador en todas las entidades del Estado, empezando por los honorables miembros de las corporaciones públicos a quienes les encanta el “tapa tapa”